Meditación

TEXTOS SOBRE MEDITACION

  • Cómo Meditar 🕉️ Deepak Chopra
    • Nuestras mentes están constantemente activas, siempre saltan de un pensamiento a otro, de una emoción a otra.Para establecer contacto con la inteligencia no circunscrita — el alma universal que reside en nuestro interior y que es parte de todos nosotros — es necesario encontrar un camino que vaya más allá de la neblina de pensamientos distractores que normalmente la ocultan.Es imposible avanzar a través de esta barrera tanto como lo es hacerlo en una neblina real.Si quieres ver al otro lado de la calle en un día de niebla, nada físico que hagas podrá ayudarte. Debes esperar, paciente y tranquilo, hasta que la neblina se disipe y se vaya por sí sola. De vez en cuando se abren claros que te permiten ver qué hay del otro lado. Lo mismo ocurre con los pensamientos.Cuando estamos tranquilos podemos encontrar momentos de silencio puro a los que llamo «claros», y a través de ellos podemos dar un vistazo al nivel más profundo del alma. Cada vistazo incrementa la comprensión;finalmente, nuestra conciencia se expande.El propósito de la meditación es dejar de pensar por un momento, esperar a que la neblina de pensamientos se disipe y dar un vistazo al espíritu interior. Para la mayoría es muy difícil controlar el torrente de pensamientos. Los principiantes pueden sentirse frustrados, pero la frustración es apenas otro pensamiento, otra emoción que se interpone en el camino. El objetivo es liberar todos los pensamientos con tranquilidad y mesura.Una manera común de iniciar la meditación, consiste en concentrarse en una cosa sin forzarse; de manera que sea más difícil que otros pensamientos entren a la mente. A mí me gusta empezar con una meditación de respiración.Para iniciar la meditación, encuentra una posición cómoda.Siéntate en una silla cómoda con los pies bien apoyados en el piso.Coloca las manos en tu regazo, con las palmas hacia arriba.Cierra los ojos y presta atención a tu respiración.Observa cómo entra y sale el aire sin intentar controlarlo de ninguna forma.Tal vez notes que tu respiración se vuelve espontáneamente más rápida o más lenta, profunda o superficial, o que incluso se detiene por un momento.Observa los cambios sin resistencia y sin anticiparte.Cuando tu atención se desvíe hacia un sonido del entorno, una sensación en tu cuerpo o un pensamiento de tu mente, haz volver tu conciencia, sin forzarla, a tu respiración.Ésta es la meditación básica.Una vez que una persona se siente cómoda con sólo sentarse en silencio y concentrarse en su respiración, recomiendo agregar un mantra, el cual crea un ambiente mental y permite expandir la conciencia.El mantra que utilizo y recomiendo para alcanzar el sincrodestino es simplemente «so-hum» [pronunciado en español como: so-jam]. Éste es el mantra de la respiración.Si te concentras en tu respiración escucharás «so-hum» conforme el aire entra y sale de tus pulmones. Mientras inhalas, el sonido de esa vibración es «so»;cuando exhalas, el sonido es «hum».Si quieres puedes experimentar con esto.Inhala profundamente, cierra los ojos y la boca, y exhala con energía por la nariz.Si te concentras escucharás el «hum» con claridad.Una de las técnicas de la meditación consiste, simplemente, en concentrarse en el lugar de procedencia de la respiración.Con los ojos cerrados, inhala y piensa en la palabra «so»; cuando exhales, piensa en la palabra «hum» [pronunciado: jam].Gradualmente, la respiración y el sonido se harán más y más pausados.La respiración se tranquiliza tanto que casi parece detenerse.Cuando tranquilizas tu respiración, tranquilizas tu mente.Cuando trasciendes, el mantra «so-hum» desaparece por completo y tu respiración se detiene por un instante.El tiempo mismo hace una pausa y te encuentras en el campo de la conciencia pura, en el ámbito no circunscrito, en el espíritu, en el fundamento del ser.El mantra, por tanto, es una forma de experimentar la conciencia no circunscrita.Aborígenes australianos, hindúes, americanos y muchas otras culturas tradicionales los han utilizado durante miles de años.En todas las tradiciones, el uso de mantras implica cantar para crear vibraciones especiales, sonidos del Universo que forjan algo de la nada, que mueven energía de lo no manifiesto a lo manifiesto

2-Enseñanzas sobre meditación por Bhagavan Sri Ramana Maharshi

Quiero ser mas iluminado. ¿No he de tratar de efectuar esfuerzo alguno?
Ahora le es imposible estar sin esfuerzo. Cuando usted profundiza, le es imposible hacer esfuerzo.
—¿Cuál es la diferencia entre la meditación y el samadhi o la absorción en el yo?
La meditación es iniciada y sostenida por un esfuerzo consciente de la mente. Cuando tal esfuerzo se apacigua enteramente, se llama samadhi.
—La meditación es una lucha. Tan pronto usted empieza la meditación, otros pensamientos se apiñan, juntan fuerza y tratan de avasallar al único pensamiento al que usted trata de agarrarse. Este pensamiento deberá gradualmente ganar fuerza mediante práctica repetida. Cuando se fortalezca, los otros pensamientos serán puestos en fuga. Esta es la batalla que continúa siempre en la meditación.
—Mientras dura el ego es necesario el esfuerzo. Cuando el ego cesa de existir, las acciones se vuelven espontáneas. Nadie triunfa sin esfuerzo. El control mental no es su derecho de nacimiento. Los pocos que triunfan deben su buen éxito a la perseverancia. El esfuerzo es necesario hasta el estado de Realización. Aún entonces, el Yo ha de volverse evidente espontáneamente; de otro modo, la felicidad no será completa. Hasta ese estado de espontaneidad, deberá haber esfuerzo en una forma u otra.
—Es bien sabido y admitido que sólo con la ayuda de la mente, la mente puede ser matada. Pero en vez de ponerme a decir que hay una mente y que yo quiero matarla, usted empieza a buscar su fuente y descubre que ésta no existe. La mente vuelta hacia fuera da por resultado pensamientos y objetos. Vuelta hacia adentro, se convierte en el Yo.
—Mediante investigación firme y continua dentro de la naturaleza de la mente, la mente se transforma en Eso a lo cual el “Yo” se refiere; y de hecho eso es el Yo. La mente tiene que depender necesariamente, para su existencia, de algo burdo; nunca subsiste por sí.
—Indagar: “¿Quién soy yo que estoy en la esclavitud?” y así conocer la propia naturaleza real es la única Liberación. Mantener la mente constantemente vuelta hacia dentro y permanecer así en el Yo es la única indagación del Yo.
—Otros pensamientos surgen violentamente cuando uno intenta la meditación.
Sí, en la meditación surge toda clase de pensamientos; pues lo que esta escondido en usted es sacado fuera. A no ser que surja, ¿cómo podrá ser destruido?. Los pensamientos surjen espontáneamente, pero sólo para ser extinguidos oportunamente, fortaleciendo así a la mente.
—A menudo, Bhagaván ha dicho que uno deberá rechazar los otros pensamientos cuando inica la indagación, pero los pensamientos son interminables. Si es rechazado un pensamiento, surge otro y no parece que haya fin.
No digo que usted deba seguir rechazando pensamientos. Si se apega a usted mismo, al pensamiento del “yo”, y su interés le mantiene en ese solo pensamiento, otros pensamientos serán rechazados y desaparecerán automáticamente.
—Si “yo” soy siempre, aquí y ahora, ¿porqué no lo siento así?
Usted ya esta realizado. No hay nada más a realizar. Si lo hubiera, la realización sería algo nuevo que no existió aún, pero que iba a producirse en el futuro; pero cuanto nazca, también morirá. Si la realización no es eterna, no es digna de tenerla. Por tanto, lo que buscamos no es algo que deba empezar a existir sino sólo lo que es eterno pero está velado de nosostros por obstrucciones. Todo lo que necesitamos es eliminar la obstrucción. Lo que es eterno no es reconocido como tal debido a la ignorancia. Ignorancia es obstrucción. Líbrese de ella y todo estará bien. Esta ignorancia es idéntica al pensamiento del “yo”. Busque su fuente y desaparecerá.
—¿Como se apacigua la mente?
Indagando “¿Quién soy Yo?”. El pensamiento “¿quién soy Yo?” destruirá todos los demás pensamientos, y al igual que la estaca utilizada para remover la pira funeraria, también acabará destruyéndose. En ese momento surgirá la Realización del Ser.
—¿Cuál es la forma de asirse constantemente al pensamiento “¿Quién soy Yo?”
Cuando surjan pensamientos, no hay que perseguirlos, sino preguntarse: “¿A Quién surgen? No importa cuantos pensamientos aparezcan. En la medida en que lo vayan haciendo, hay que indagar con diligencia, “¿A quién surge este pensamiento?”. La respuesta que emergerá, será “A mí”. Por consiguiente, si uno se pregunta “¿Quién soy Yo?”, la mente se remontará a su origen, y el pensamiento que surgió se aquietará. Mediante una práctica repetida de esta manera, la mente desarrollará la habilidad de permanecer en su origen.
—¿No existe ningún otro medio de tranquilizar la mente?
Aparte de la indagación, no existen otros medios adecuados. Si se busca controlar la mente a través de otros medios, parecerá que está controlada, pero se manifestará de nuevo. También por medio del control de la respiración, la mente se tranquilizará, pero sólo mientras dure este control, y cuando se reanude la respiración, la mente también comenzará de nuevo a agitarse y a vagar impulsada por las impresiones residuales. El origen de la mente y la respiración es el mismo. El pensamiento, indudablemente, es la naturaleza de la mente. El pensamiento “Yo” es el primero que surge en la mente, y esto es el ego. Del mismo lugar que se origina el ego, también se origina la mente. De modo que, cuando la mente se tranquiliza, se controla la respiración, y cuando se controla la respiración, se aquieta la mente. La respiración es la forma burda de la mente. Por lo tanto, el ejercicio de controlar la respiración no es más que una ayuda para tranquilizar la mente, no la destruirá.
Al igual que la práctica de control de la respiración, la meditación en las formas de Dios, la repetición de mantras, la restricción en la alimentación, etc., no son más que ayudas para tranquilizar la mente.
—Las impresiones residuales (pensamientos) de los objetos aparecen como las olas del mar. ¿Cuando se destruirán todas ellas?
Según se va haciendo cada vez más elevada la Indagación del Ser, los pensamientos quedan destruidos.
—¿Cuál es la naturaleza del Ser?
Lo que realmente existe, es sólo el Ser. El mundo, el alma individual y Dios, son apariencias en él. El Ser es aquello donde no aparece absolutamente ningún pensamiento “Yo”. Eso se denomina “Silencio”. El Ser mismo es el mundo; el Ser mismo es el “Yo”; el Ser mismo es Dios; todo es el Ser.
—¿Qué se entiende por dhyana (meditación)?
Es morar como el propio Ser de uno sin desviarse en forma alguna de la propia naturaleza y sin tener la idea de que se está meditando. Como en esta condición la persona no está en absoluto consciente de los diferentes estados (vigilia, sueño, etc.), el sueño (perceptible) aquí también se considera como dhyana.
—¿Cuáles son los factores que hay que tener en cuenta en dhyana?
Es importante que aquel que se establece en su Ser (atma nishta), trate de evitar desviarse en lo más mínimo de este estado de absorción. Si se desvía de su verdadera naturaleza, puede ver ante sí resplandores brillantes, etc., oír sonidos (inusuales) o aceptar como reales las visiones de dioses que aparecen dentro o fuera de él. No debe dejarse engañar por esto, y tiene que olvidarse a sí mismo.
—¿Cuáles son las reglas de conducta que debe seguir un aspirante espiritual?
Moderación en el alimento, en el sueño y en el habla.
—¿Durante cuánto tiempo hay que practicar?
Hasta que la mente alcance, sin esfuerzo, su estado natural de libertad conceptual, es decir, hasta que deje de existir el concepto de “Yo” y “mío”.

Fuente: Yogadarshana.

3 -Swami Vivekananda

— La primera lección es sentarse por algún tiempo y dejar a la mente que haga lo que quiera. Todo el tiempo la mente está en un estado como de ebullición. Vosotros simplemente esperáis y vigiláis. Hay que dejar de lado toda argumentación y distracción.
— Soltad las riendas; muchos pensamientos odiosos entrarán en la mente. Veréis que cada dia que pasa el vagabundeo de la mente se hace menos violento, que cada dia se va calmando un poco más. Pero debemos practicar pacientemente todos los dias. ¿De qué modo y por cuánto tiempo debe esto practicarse? Es una tremenda labor y no puede ser hecha en un día. Solamente después de años de paciente y constante lucha podemos lograr el resultado.
— La meditación debe comenzar con objetos densos y lentamente ascender hasta objetos mas y mas finos, hasta llegar a ser meditación carente de objeto alguno. La mente se ocupará al principio en percibir las causas externas de las sensaciones, luego los movimientos internos y al final, sus propias reacciones. Cuando ha logrado percibir las causas externas de las sensaciones en sí mismas, la mente adquirirá el poder de percibir toda existencia fina material, todos los cuerpos y formas finas. Cuando consigue la percepción de los movimientos internos en si mismos, logrará el control de toda ola mental, en sí mismo o en los demás, aún antes de que se hayan traducido en energía física; y cuando sea capaz de percibir la reacción mental en sí el yogui logrará el conocimiento de todas las cosas, ya que cada objeto sensible y cada pensamiento es el resultado de esta reacción. Entonces habrá visto los verdaderos cimientos en que descansa la mente y la tendrá bajo su perfecto control. Entonces, la gloria del alma, no perturbada por las distracciones de la mente o movimientos del cuerpo, brillará en su plena efulgencia; y el yogui descubrirá en sí mismo lo que es y lo que siempre fue: la esencia del conocimiento, lo inmortal, aquello que lo penetra todo.
— El modo mas facil de aprehender la mente es sentarse quieto y permitirle durante un rato que vaya en todas direcciones. Manteneos firmes en la idea: “soy el testigo observando a mi mente yendo de uno a otro lugar; yo no soy la mente”. Luego dejad que piense como si fuera una cosa enteramente distinta de vosotros.
— Concebid vuestra mente como un tranquilo lago que se extiende ante vosotros y a los pensamientos que entran y salen como burbujas que surgen y se rompen en su superficie. No hagáis ningún esfuerzo por controlar los pensamientos, pero observadlos y seguidlos con la imaginación cuando se están alejando. Gradualmente irán disminuyendo los círculos. La mente abarca vastos círculos de pensamientos y éstos a su vez se agrandan en círculos mayores, como ocurre cuando tiramos una piedra en la superficie de un estanque. Debemos invertir este proceso y comenzando por el círculo mayor retornar por los mas chicos hasta poder fijar nuestra mente en un punto y mantenerla allí. Manteneos en la idea: “yo no soy la mente; sé que estoy pensando, que estoy observando la acción de mi mente”, y así cada día disminuirá vuestra identificación con pensamientos y sentimientos, hasta que al final podréis separaros completamente de la mente y saber con certeza que ella está separada de vosotros.

4 Sri Aurobindo

¿Qué significa exactamente meditación? Hay dos palabras usadas en inglés para expresar la idea india de dhyâna, ”meditación” y ”contemplación”. Meditación significa en realidad “concentración de la mente en un solo tren de ideas referidas a un solo asunto”. Contemplación quiere decir “ver mentalmente un solo objeto, imagen o idea, para que el conocimiento sobre tal objeto, imagen o idea pueda surgir de forma natural en la mente a través de la concentración”. Ambas cosas son formas de dhyâna, pues el fundamento de dhyâna es la concentración mental sea en el pensamiento, la visión o el conocimiento. Hay otras formas de dhyâna. Hay un pasaje en el que Vivekananda aconseja permanecer de pie detrás de los propios pensamientos, permitirles que surjan en la mente cuando quieran y simplemente observarlos y ver lo que son. Esto podría llamarse concentración en la auto-observación. Esta forma lleva a otra, el vaciado de todo pensamiento fuera de la mente para dejar una especie de espacio en blanco, puro y vigilante, en el que el conocimiento divino pueda venir e imprimirse, no afectado por los pensamientos inferiores de la mente humana ordinaria y con la misma claridad que una frase escrita con tiza blanca sobre una pizarra. Puede comprobarse que el Gita habla de este rechazo de todo el pensamiento mental como uno de los métodos del yoga y que este es, incluso, el método que parece preferir. Esto puede llamarse el dhyâna de liberación, puesto que libera a la mente de la esclavitud del proceso mecánico del pensamiento y le permite pensar o no pensar, cuando apetezca y como se desee, o escoger sus propios pensamientos o incluso ir más allá del pensamiento hasta la pura percepción de la Verdad denominada en nuestra filosofía vijñâna. La meditación es el proceso más fácil para la mente humana, pero el mas angosto en sus resultados; la contemplación es más difícil pero mas importante; la auto-observación y la liberación de las cadenas del Pensamiento es lo más difícil de todo, pero lo que proporciona mas y mejores frutos. Se puede escoger cualquiera de ellos según la inclinación y capacidad de cada uno. El método perfecto es usarlos todos, cada uno en su propio lugar y para su propio objeto; pero esto precisaría una fe fija, una paciencia firme y una gran fuerza de voluntad para la autodisciplina del yoga. ¿Cuál debe ser el objeto de meditación? Cualquier cosa que este en consonancia con su naturaleza y sus mas elevadas aspiraciones. Pero si usted me pide una respuesta absoluta, entonces debo decir que Brahman siempre es el mejor objeto para la meditación o contemplación, y la idea en la que la mente debe fijarse es la de que Dios esta en todo, todo esta en Dios y todo es Dios. Realmente no importa si se trata de un Dios Personal o Impersonal, o subjetivamente, del Uno Mismo. Pero ésta es la idea que yo considero como mejor, porque es lo más alto y abarca todas las otras verdades, sean verdades de este mundo, de otros mundos o de más allá de toda existencia fenomenal, -“Todo ésto es Brahman”. ¿Cuáles son las condiciones externas e internas esenciales para la meditación? No hay ninguna condición externa esencial, pero la soledad y el aislamiento en el momento de meditación así como la quietud del cuerpo es útil, a veces casi necesario al principiante. Pero no se debe estar condicionado por condiciones externas. Una vez se establece el hábito de la meditación, debe ser posible hacerlo en todas las circunstancias, tumbado, sentando, caminando, solo, en compañía, en silencio o en medio del ruido, etc. La primera condición interna es el establecimiento de la voluntad en contra de los obstáculos a la meditación, es decir, el vagabundeo de la mente, el olvido, el sueño, la impaciencia física y nerviosa, la inquietud, etc. La segunda es una creciente pureza y calma de la conciencia interna (citta) sin la cual surjen el pensamiento y la emoción, es decir una liberación de todas las reacciones perturbadoras, como el enojo, el malestar, la depresión, la ansiedad sobre los acontecimientos mundanos, etc.

Fuente: Yogadarshana

5- B.K.S. Iyengar

Dhyana significa “absorción”. Es el arte del autoestudio, la reflexión, la observación penetrante, o la búsqueda del Infinito interior. Es la observación de los procesos físicos del cuerpo, un estudio de los estados mentales y una concentración profunda. Supone mirar hacia el interior de nuestro ser más íntimo. Dhyana es el descubrimiento del Sí-mismo. 

Cuando los poderes del intelecto y el corazón se hallan combinados de manera armoniosa, eso es dhyana. De ella procede toda la creatividad, y sus buenos y hermosos resultados benefician a toda la humanidad.

Dhyana es como el sueño profundo, pero con una diferencia. La serenidad del sueño profundo llega como resultado del olvido inconsciente de la propia identidad e individualidad, mientras que la meditación proporciona una serenidad que se halla alerta y consciente en todo momento. El sadhaka sigue siendo testigo (saksi) de toda la actividad. El tiempo cronológico y psicológico no tiene existencia en el sueño profundo n i en la absorción total. Al dormir, el cuerpo y la mente se recuperan de sus fatigas, sintiéndose frescos al despertar. En la meditación, el sadhaka experimenta la iluminación.

Dhyana es la integración total del que contempla, el acto de la contemplación y el objeto contemplado, al volverse uno. La distinción entre el conocedor, el instrumento de conocimiento y el objeto conocido se difumina. El sadhaka se torna vibrante, alerta y equilibrado. Se libera del hambre, la sed, el sueño y el sexo, así como del deseo, la ira, la codicia, el engreimiento, el orgullo y la envidia. Se muestra inmune a las dualidades de cuerpo y mente, o mente y sí-mismo. Su visión refleja su sí-mismo verdadero como un espejo bruñido. Esto es Atma-Darsana, el reflejo del Alma.

Jesús dijo que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Al reflexionar sobre el sentido de la vida, el hombre llega a la convicción de que dentro de su alma mora una fuerza o luz mucho más grande que el mismo. No obstante, en su caminar por la vida, se ve asaltado por numerosas cuitas y dudas. Al hallarse atrapado en un ambiente de civilización artificial, el hombre desarrolla una escala de valores falsa. Sus palabras y acciones van en contra de sus pensamientos, y el hombre se ve aturdido por estas contradicciones. Se da cuenta de que la vida está llena de opuestos –el dolor y el placer, la pena y la dicha, el conflicto y la paz. Ala vista de estas polaridades, el hombre se esfuerza por alcanzar un equilibrio entre ellas, así como por encontrar un estado de estabilidad que le permita experimentar la libertad con relación al dolor, la pena y el conflicto. En esta búsqueda, él descubre las tres vías nobles del conocimiento (jñana), la acción (karma) y la adoración (bhakti), las cuales le enseñan que su luz interior es la única guía que conduce al dominio completo de su vida. A fin de alcanzar esta luz interior, el hombre se entrega ala meditación o dhyana.

Para tener una noción clara de las verdaderas naturalezas del hombre, del mundo y de Dios, el sadhaka ha de estudiar los libros sagrados (Sastras). Es entonces capaz de distinguir lo real de lo irreal. El conocimiento de estas tres verdades (tattva traya) –el alma (chit), el mundo (achit) y Dios (Isvara)- resulta esencial para quien busca la liberación. Dicho conocimiento le proporciona penetración acerca de los problemas de la vida y su solución, al tiempo que robustece su Sadhana espiritual. Sin embargo, el conocimiento adquirido únicamente a través de la lectura no conduce a la liberación. Es mediante el valor y la fe inquebrantable en las enseñanzas contenidas en los libros sagrados, así como su puesta en práctica hasta que se vuelven parte de la vida diaria, que el sadhaka obtiene libertad por el dominio sus sentidos. Sadhana y el conocimiento de los libros sagrados son las dos alas con las que el sadhaka vuela hacia la liberación.

El hombre se debate entre dos caminos: uno lo arrastra abajo, hacia la satisfacción de deseos voluptuosos y gratificaciones de los sentidos, conduciéndolo a la esclavitud y la destrucción; el otro lo guía arriba, hacia la pureza y la realización de su Sí-mismo interior. Los deseos nublan la mente del hombre y velan su Sí-mismo verdadero. La mente sola conduce hacia la esclavitud o a la liberación. Es la razón o inteligencia del hombre la que, o bien controla su mente, o bien permite que se la domine.

Una mente desentrenada revolotea sin rumbo y en todas direcciones. La práctica de la meditación la coloca en un estado de estabilidad, y luego la dirige a avanzar desde el conocimiento imperfecto hasta la perfección. La mente y la inteligencia del sadhaka operan como un equipo integrado dirigido por su voluntad. El sadhaka halla armonía entre sus propios pensamientos, sus palabras y sus acciones. Su mente sosegada y su inteligencia arden como una lámpara en lugar protegido del viento, con sencillez, inocencia e iluminación.

El hombre posee grandes potencialidades latentes dentro de sí. Su cuerpo y su mente son como tierra en barbecho que espera ser labrada y sembrada. Un agricultor sabio ara su campo (ksetra), le proporciona agua y fertilizante, siembra las mejores semillas, atiende los cultivos con cuidado y recoge finalmente una buena cosecha. Para el sadhaka, su propio cuerpo, mente e intelecto son el campo que ara con energía y acción correcta. Siembra las semillas más finas del conocimiento, lo riega con devoción y lo atiende con incansable disciplina espiritual, para así recoger la cosecha de la armonía y la paz. Se convierte entonces en el sabio propietario (Ksetrajña) de su campo, y su cuerpo se torna un lugar sagrado. La germinación de las semillas de los buenos pensamientos (savichara), plantadas mediante una lógica sana (savitarka), confieren claridad a su mente y sabiduría a su intelecto (sasmita). El hombre se convierte en morada de gozo (ananda), ya que todo su ser se halla repleto del Señor.

El viaje a la luna y el espacio exterior requirió años de riguroso entrenamiento y displina, estudio profundo, investigación y preparación. El viaje hacia dentro del hombre para alcanzar su Sí-mismo interior requiere el mismo tipo de esfuerzo riguroso. Años de disciplina y práctica larga e ininterrumpida de los principios morales y éticos de yama y niyama, adiestramiento del cuerpo mediante asanas y pranayama, control de los sentidos mediante Pratyahara y Dharana, aseguran el crecimiento de la mente, así como de la percepción consciente interior –dhyana y Samadhi.

Dharana (derivada de la raíz “dhri”, que significa “sujetar” o “concentración”) es como una lámpara que está cubierta y no ilumina el entorno. Cuando se retira la cobertura, la lámpara ilumina todo el área circundante. Esto es dhyana, la expansión de la consciencia. Entonces el sadhaka adquiere una mente unificada y mantiene una percepción consciente dinámica, inmarcesible de su pureza prístina. Como el aceite en las semillas y la fragancia en las flores, el alma impregna todo su cuerpo.

El loto es el símbolo de la meditación. Simboliza la pureza. Su belleza silenciosa le ha otorgado un puesto destacado en el pensamiento religioso indio. Se halla conectado en la mayoría de las deidades hindúes y sus sedes en los chakras. El estadio de meditación es como el de un capullo de loto que oculta su belleza interior mientras aguarda su transformación en loto florecido. Como el capullo que se abre para revelar su belleza resplandeciente, así también la luz interior del sadhaka es transformada y transfigurada por la meditación. El sadhaka se torna un alma iluminada (siddha), y un sabio inspirado. Vive en el eterno ahora –el presente, sin ayer ni mañana.

Este estado de pasividad del sadhaka se denomina manolaya (“manas” significa “mente”, y “laya” significa “absorción o fusión”). El sadhaka ha organizado completamente su inteligencia (prajña) y energía (prana) con el fin de evitar la intrusión de pensamientos externos. Su estado está lleno de una alerta dinámica. Cuando tanto los pensamientos internos como externos son aquietados y acallados, no hay perdida alguna de energía física, mental o intelectual.

Dhyana es la experiencia subjetiva de un estado objetivo. Resulta difícil describir la experiencia con palabras, pues éstas resultan inadecuadas. La delicia que se experimenta con el mordisco de un mango delicioso es indescriptible. Lo mismo ocurre con la meditación. En la meditación no hay búsqueda ni aspiración, ya que el alma y el objetivo se han vuelto uno. El néctar de la infinitud ha de degustarse, la abundante gracia del Señor presente en el interior debe ser experimentada. Es entonces cuando el alma individual (jivatma) se vuelve una con el Alma Universal (Paramatma). El sadhaka experimenta la plenitud que cantan los Upanishads: Eso es pleno; Esto es pleno. La plenitud proviene de la plenitud. Aún después de extraer la plenitud de lo pleno, la plenitud permanece.

6-YOGA Y MEDITACIÓN – Swami Krishnananda –

  FUNDAMENTOS FILOSÓFICOS DEL YOGA

Me esforzaré por describir en términos simples, lo que podemos considerar como el objetivo central de la vida humana, y la posible metodología que se puede adoptar para cumplir este objetivo. Ustedes deben haber escuchado gran cantidad de cosas acerca de lo que es el ‘yoga’. Igualmente muchos textos y disertaciones les habrán dado variada información sobre esta misteriosa técnica conocida como el ‘arte del yoga’. En términos simples, sin tecnicismos, si se ha de definir el yoga, puede decirse que es el sistema de la armonía. Lo que ustedes significan con la palabra armonía, en sánscrito significa yoga. No es algo ‘misterioso’, ni que esté más allá del entendimiento humano. Armonía es lo que buscamos a diario en todos los campos de la vida; sin embargo no sabemos qué es armonía, y se hace necesario saber qué significa realmente. Al final, cuando lo esencial de ese simple hecho llamado armonía se haya embebido en nuestra conciencia, nuestra personalidad se va a estabilizar.
Estabilidad de la personalidad, equilibrio de conciencia, armonía en los caminos de la vida, todo esto es yoga.
Armonía implica el ajuste de uno con un medio que es externo a uno mismo. Cuando no hay un ajuste apropiado de una cosa con otra, lo llamamos ‘inarmonía’. Cuando hay ajuste apropiado entre un hecho, un objeto o una persona con otra, decimos que hay armonía. Ahora, la pregunta que podría presentarse es la siguiente: ¿por qué la armonía debe ser el objetivo central, por qué la armonía debe tenerse como lo esencial de la vida?
La razón es por la estructura del universo. El universo es un sistema de armonía. Nosotros, como individuos humanos, formamos parte de este universo; formamos parte de él, de una manera integral. Antes de seguir adelante, es bueno saber qué es estar integralmente relacionado con algo.

Trataré de dar un ejemplo tomado de la experiencia común. 
Habrán visto un montículo de piedras. Un montículo de piedras es un grupo de pequeñas unidades de materia inanimada reunidas en un lugar. En este montículo de piedras probablemente cada una toca las otras. Aunque cada pieza de materia inorgánica llamada piedra, está en contacto con otra igual, no por eso podemos afirmar que cada piedra en particular está relacionada con las demás piedras del montículo de manera integral o vital: están mecánica, y no vitalmente relacionadas.
Hay una diferencia entre conexión mecánica, y conexión vital u orgánica. El contacto de una piedra con otra es mecánico; no hay vida en esa conexión. Si ustedes quitan una piedra del montón, las otras no se verán afectadas de ninguna manera; continuarán siendo como eran; no hay ninguna clase de daño para las otras piedras, ni habrá disminución en su estructura, por el hecho de que se retiren algunas del montón. Así que, ‘grupo mecánico’ es aquel en el cual las partes están relacionadas de tal forma con el total, que si algunas unidades son removidas, las que quedan no se afectan. Esto es lo que significa ‘relación mecánica’. Pero una relación vital, orgánica o integral, es algo diferente. Un ejemplo es nuestro cuerpo mismo. Saben muy bien que nuestro cuerpo físico está compuesto por diminutos organismos llamados células. Todas las células están conectadas entre sí, de tal manera que parecen ser una sola unidad llamada cuerpo; algo parecido al montículo de piedras. ¿Pero cuál es la diferencia? Mientras que retirar algunas piedras del montículo no afecta vitalmente a éste, si retiramos algunos miembros de nuestro cuerpo, éste se afectará en su totalidad. Sabemos lo que sucedería a un individuo, a un ser humano, si sus miembros fueran amputados; la misma existencia del cuerpo quedaría en peligro; la armonía del cuerpo sería perturbada. Por esta razón, cuando un miembro del cuerpo es separado, se sufre intenso dolor y agonía. Esto porque los miembros están vitalmente conectados como un ser vivo total en el sistema de nuestra personalidad.
Entonces ya conocemos la diferencia entre ‘relación mecánica’ y ‘relación vital’. Lo que quiero decir es que estamos relacionados con el cosmos de una manera vital y no mecánica. Nuestra conexión con el universo exterior no es como la conexión de una piedra con el montón, de tal manera que pudiéramos hacer cualquier cosa sin afectar el universo.
Eso no puede ser. Nuestra conexión, nuestra relación con el mundo exterior es tal, que puede compararse a la relación de los miembros con el cuerpo.
Para concebir lo que el universo podría ser, deben concebir lo que es un individuo humano. En la mitología védica, tenemos el concepto de ‘purusha’, el ‘Ser Supremo’.
Purusha significa hombre, el individuo humano. Pero cuando los vedas hablan del purusha en el cosmos, quieren significar el concepto del universo como un solo individuo, un Individuo Cosmico cuya relación con las partes del cosmos es similar a la relación de un individuo ordinario y sus miembros. Cada uno de ustedes suponga que es la conciencia que anima el universo; ¿cómo podrían concebir esa posiblilidad? Para eso, de nuevo, deben traer la analogía del cuerpo humano. ¿Saben ustedes que son una inteligencia o centro de conciencia? Pueden preguntar cómo lo sé. Puede saberse por un experimento. Cada uno de ustedes sabe que es un todo llamado ‘señor tal’ o ‘señora tal’. Cuando ustedes dicen que son una persona así o asá, ¿qué quieren significar?
¿A qué se refieren? ¿A las manos, a los pies, a la nariz o cualquier otra parte del cuerpo, o a todas las partes juntas?
¿Qué quiere decir “Yo”, o el individuo que cada uno de ustedes es? Examinando con cuidado la pregunta, se darán cuenta que cuando se refieren a ustedes mismos como alguien así o asá, no están tomando en consideración los miembros u órganos de su cuerpo, porque si una mano les fuera amputada, no dirían que una parte de su ‘ser’ se fue, sino que continuarían siendo un ser completo. Si se pierden las dos piernas por algún accidente, no obstante el ser humano continúa completo. El individuo nunca va a sentir que parte de su personalidad se ha ido. Va a sentir que una parte de su cuerpo se perdió, pero no una parte de su ser.
Todavía seguirá pensando como un ser completo. De otra manera, si los miembros del cuerpo fueran una parte esencial de la personalidad, entonces, cuando se le amputaran las piernas a una persona, ésta en adelante pensaría en un porcentaje menor al que inicalmente pensaba. Pensaría la mitad, o un cuarto, o un treinta por ciento menos, etc. Pero esto no sucede; el pensamiento continúa completo, así como el entendimiento; la conciencia completa se mantiene intacta a pesar del hecho de que algunos miembros se hayan amputado. Esto demuestra que ustedes no son la suma de los miembros del cuerpo. Son algo independiente de los miembros que constituyen su parte visible llamada cuerpo.
Son una inteligencia o ser espiritual; un centro de conciencia que anima un cuerpo cuyos miembros, si se amputan, no afectan de ninguna manera su ser. Ustedes esencialmente son conciencia.
Ahora, el concepto de virat-purusha o Ser Cósmico de los Vedas que he mencionado, es solo una extensión de ese concepto de la conciencia individual al cosmos. ¿Pueden cerrar los ojos por un momento e imaginar que en lugar de un ser de conciencia que anima su pequeño cuerpo, son en cambio un ser que anima todo el universo? ¿Pueden expandir su imaginación hasta allá? ¿Cómo hacerlo? Puede hacerse con un poco de esfuerzo mental; les diré la técnica: La conciencia que ustedes son, aquella que anima cada parte de sus cuerpos, manos, pies, dedos, nariz, etc., esa conciencia que ustedes son, que habita dentro de sus cuerpos individuales, está uniformemente repartida en cada parte del cuerpo de tal forma que puede decirse que ustedes están presentes en cada parte de sus cuerpos. Ustedes están presentes en los dedos de las manos, de los pies, en la nariz y así sucesivamente. Ustedes como un todo completo, están presentes en cada parte de su cuerpo. Ahora, ¿pueden extender esa analogía o comparación a todo el universo? Solo imaginen que su conciencia no está meramente en un dedo, sino en la mesa, en la silla, en la montaña, en el sol y la luna, en la galaxia, etc.
Si pueden extender su imaginación de esta manera, si su conciencia puede exceder los límites de su persona corporal, y si extienden ese carácter penetrante de la conciencia más allá de la limitación de su personalidad corporal y la concentran en los demás objetos del mundo, cada uno de ustedes se convertirá en un Individuo Cosmico. Esto es ‘Contemplación Yóguica’; ‘Meditación’ en el sentido más alto del término. Esa es la cúspide que alcanzarán después de muchas etapas de meditación.
Es una técnica difícil porque no serán capaces, ordinariamente, de extender su conciencia a otros objetos del mundo, pues tenemos un prejuicio, un viejo hábito de pensamiento, al creer que los objetos están por fuera de nosotros. Sin embargo, ¿creen que sus diez dedos están fuera ustedes? Ellos son objetos; pueden verlos tal como ven cualquier otro objeto en el mundo. Si esos diez dedos (objetos) pueden convertirse en parte de su personalidad, ¿por qué otros objetos del mundo no pueden convertirse en parte de su personalidad? No sucede, porque han limitado su conciencia por un viejo prejuicio del pensamiento. Un prejuicio es irracional, un prejuicio simplemente se afirma a sí mismo, sin tener en cuenta la razón. ¿Por qué limitar su conciencia a sus pequeños cuerpos? ¿Qué ganan? ¿Por qué no extenderlo a otras personas? ¿Por qué no sentir que toda la gente sentada aquí es parte de un individuo social más amplio (así como imaginan que ustedes son un individuo humano)? ¿Por qué limitar su conciencia a las personas sentadas aquí?, ¡vayan más lejos, al vasto mundo e imaginen que son un individuo universal! Ese individuo universal es lo que la religión llama Dios.
La gente pregunta: ¿existe Dios? Esa es una pregunta sin sentido. Si el mundo existe, Dios existe. Dios debe existir porque Dios es solo un nombre que ustedes dan a la conciencia que subyace en todo el universo, así como la conciencia subyace su propia personalidad individual.
Pueden preguntar: “¿Cómo sabe que hay conciencia en todas partes?” Yo les pregunto: “Cómo saben que su amigo tiene conciencia?” Cada uno de ustedes sabe que tiene conciencia, pero no pueden ver la conciencia en su amigo. Sin embargo la infieren por la actividad inteligente que él demuestra. De manera similar, de la actividad del cosmos podemos inferir la presencia de una Inteligencia Cósmica.
Ahora, esta Inteligencia Cósmica que es inmanente en todos los objetos, es lo que llamamos Dios o Ser Supremo.
Ustedes pueden llamarlo Absoluto, pues es Conciencia Completa y nada hay por fuera de ella. Cuando algo está por fuera se puede llamar conciencia relativa. Cuando nada está por fuera de ella y ella está en todo, penetrándolo todo, la llamamos Conciencia Absoluta.
Ahora, ustedes son parte de la Conciencia Absoluta porque son parte del universo. Ustedes son parte orgánica del universo y no una parte mecánica (como la piedra en el montículo). Están vitalmente relacionados con todo el cosmos, de tal manera que son una parte esencial de él.
De este análisis llegamos a la sorprendente conclusión de que todo el universo puede compararse a un vasto individuo.
Esto es lo que los Vedas llaman parama-purusha o el Ser Supremo. Cuando usan estos términos en los textos, lo que quieren significar es que nuestra salvación radica en ser amistosos con el universo como un todo.
La salud de un dedo depende de la salud de todo el cuerpo. Supongamos que todo el cuerpo sufre de fiebre tifoidea, ¿puede el dedo estar sano? No, el dedo también estará afectado por la misma enfermedad, puesto que está vitalmente relacionado con el cuerpo. De similar manera, cualquier cosa que sea el universo, eso mismo son ustedes. El universo es un perfecto balance de fuerzas y en consecuencia entre más sean parte integral de ese balance perfecto de fuerzas que es el universo, más sabrán cómo conducirse en la vida, y no podrán permitirse violar la ley del universo. Deben vivir bajo la ley del cosmos, la cual es samatva, o igual distribución de actitud. El yoga está definido en el Bhagavadgita como samatva. Armonía es yoga. El Señor Krishna, el “Superman” de oriente, dice: samatvan yoga uchyate (Gita 2-48). Esta es una definición simple, sin ambigüedades y no sectaria del yoga. Yoga es armonía, balance, equilibrio.
¿Qué es armonía? Ajuste con el cosmos. Si ustedes están apropiadamente ajustados con el universo, se dice que están en armonía con el universo. Pero si hay un desajuste con el cosmos, serán arrojados. Ahora, el mismo hecho de que con sus sentidos vean objetos fuera de ustedes, como si esos objetos fueran algo aparte de su personalidad, muestra que no están ajustados apropiadamente con el cosmos. Ustedes no ven una célula de su cuerpo como algo aparte, porque ella es una parte esencial de su misma existencia. De esta manera, si somos capaces por fuerza de voluntad o poder de concentración, de visualizar el cosmos como esencialmente relacionado con nuestra conciencia, automáticamente estaremos en estado de meditación.
La sustancia del mundo no es materia inorgánica. Hay un error entre la mayor parte de la gente acerca de que el mundo está hecho de materia inerte y por supuesto, no inteligente. No es así. Ustedes no pueden ver la conciencia con sus ojos. Tampoco pueden ver la inteligencia o conciencia en otras personas. ¿Cómo pueden ver la conciencia en el mundo exterior? Así como es posible inferir la conciencia en otro individuo por su actividad, también pueden inferir la presencia de conciencia en el universo por el análisis de una actividad peculiar llamada percepción.
El análisis del proceso de percepción de los objetos, les dará una indicación de que el universo está hecho de conciencia y no de materia. Es solo por inferencia que pueden llegar a esta conclusión, no por una percepción sensorial directa y visible.
Miren un objeto; por ejemplo, una montaña que está a una milla de distancia frente a ustedes y digan: “Veo la montaña”. Yo pregunto: “¿Qué quieren significar cuando dicen que ven la montaña?” Ustedes responderán: “Que los ojos están abiertos, que los rayos del sol caen sobre la montaña y luego viajan hasta impresionar mi retina, y entonces me hago una imagen de la existencia de la montaña”. Pero yo pregunto de nuevo: “¿La luz, es inteligente o no es inteligente?” Ustedes afirman que los rayos de luz no tienen conciencia, son inertes, así como la montaña es inerte.
No obstante, un principio no inteligente no puede crear inteligencia, porque el principio de lógica demanda que la causa debe ser al menos tan rica como el efecto. La percepción de la montaña (efecto), es una actividad inteligente y consciente. Así que la causa, el movimiento de los rayos de luz, debe contener inherentemente conciencia o de otra manera, sería inferior al efecto. La conciencia no puede ser producida por un efecto inferior.
Tomemos otro aspecto de este problema. La montaña que está fuera, no salta a sus ojos. Está lejos. ¿Cómo pueden saber que la montaña está frente a ustedes? Sus ojos no tocan la montaña y la montaña no toca sus ojos. Ambos están lejos el uno del otro. Sin embargo, hay una conexión entre la montaña y sus ojos. Esa es la razón por la cual pueden saber que allí hay una montaña. ¿Pero cuál es ese elemento de conexión? Pueden decir que los rayos de luz; pero no, los rayos de luz son inertes. Lo inerte no puede producir una percepción inteligente, no podemos conceder que los rayos de luz, que son inertes, puedan ser el elemento de conexión.
La conexión entre un objeto y la conciencia que ve, solamente puede ser una de dos cosas, porque solo hay dos cosas en este mundo: conciencia y materia, no hay nada más. Ahora, el vínculo que conecta la montaña y la conciencia que percibe, puede ser uno de las dos, conciencia o materia. Si ustedes dicen que algo material es el vínculo que conecta la montaña con la conciencia, habrá un vacío entre la conciencia y el objeto, porque la conciencia no puede convertirse en materia y la materia no puede convertirse en conciencia, pues se caracterizan de forma diferente, así como la leche no puede convertirse en piedra y la piedra no puede convertirse en leche. Por esto, si el vínculo que los conecta es materia, habrá un vacío entre la materia y la conciencia y no habría conexión entre los dos, y no podrían saber que hay una montaña frente a ustedes. Esto no puede ser. Naturalmente, la otra alternativa es que el vínculo sea la conciencia. La conciencia puede mezclarse con la conciencia. Por esta inferencia llegamos a la conclusión de que la conciencia debe estar escondida aún dentro de los objetos materiales, de otra manera la percepción en sí misma sería imposible. Tal como inferimos la presencia de inteligencia en la gente por su actividad, inferimos la presencia de inteligencia en el mundo por el análisis de la actividad del individuo llamada percepción.
Hacia donde vamos con todo este análisis es a que el mundo, en últimas, es Conciencia y no materia. Ustedes tampoco son materia, porque todas sus personalidades permanecen inalteradas aún cuando los miembros sean amputados. Son consciencia, no un cuerpo; son mucho más que un cuerpo. Similarmente hay un principio inmanente de conciencia en todo el Cosmos. Esta conciencia inmanente es lo que se conoce como el Absoluto, o Brahman, o el Atman.
Nosotros lo llamamos el Ser (Atman), porque siempre permanece escondido en el individuo como el principio que conoce y no como el conocido (porque la conciencia no se puede convertir en objeto conocido por los sentidos). De la misma forma, la Conciencia Universal, no apta para ser convertida en objeto, permanece siempre como sujeto, es decir como el SER. La Conciencia Suprema, que es el Absoluto, es el Ser en todas partes.
Si pueden retener por unos minutos ese estado mental de que el universo es un mar de conciencia y ustedes son como una onda en ese mar y que no hay nada como materia o relleno inorgánico en este mundo, eso se llama percepción universal, diferente de la percepción individual de los objetos. Eso es meditación

7-EFECTOS Y BENEFICIOS DE LA MEDITACIÓN por Swami Digambarananda Saraswati

La práctica de la meditación beneficia globalmente todas las estructuras y niveles de la persona. Sus efectos positivos se reflejan en los aspectos físico, emocional, mental y espiritual. A continuación enumeramos sus repercusiones más importantes, así como los cambios que genera en la actitud y vivencias del practicante.

  • Reduce el consumo de oxígeno y la producción de dióxido de carbono.
  • Reduce la constricción de los vasos sanguíneos, disminuye la presión sanguínea, e intensifica la circulación.
  • La concentración de lactato en la sangre disminuye notablemente. Esta substancia está asociada a los estados de ansiedad y tensión. Con su disminución desaparecen dichos estados.
  • Aumenta sensiblemente la resistencia eléctrica dela piel. La resistencia alta de la piel está relacionada con los estados de relajación, mientras que una resistencia baja indica estados de tensión.
  • Ajusta el funcionamiento del sistema límbico, mejorando la respuesta emocional ante los acontecimientos y los estímulos externos.
  • Equilibra la actividad del sistema nervioso.
  • Desciende la frecuencia de las ondas cerebrales, predominando los ritmos alfa.
  • Incrementa la actividad del hemisferio derecho del cerebro, que es el responsable de la orientación en el espacio, la creatividad, la intuición, el conocimiento holístico, etc.
  • Proporciona una profunda relajación física, emocional y mental.
  • Mejora la salud y estimula los procesos autocurativos.
  • Genera vitalidad, aumentando las reservas de energía y el uso productivo de estas.
  • Incrementa la resistencia al stress y a los desórdenes psicosomáticos.
  • Mejora la calidad del sueño e induce niveles de descanso más profundo, que propician la regeneración de todas las células del cuerpo.
  • Regulariza el conjunto de todas las funciones fisiológicas.
  • Proporciona estabilidad nerviosa y erradica la dependencia de tranquilizantes, somníferos y drogas.
  • Induce el equilibrio entre Ida y Pingala y activa los Chakras.
  • Potencia el sentido común y el sentido del humor.
  • Purifica la mente. Disuelve los Samskaras negativos, y elimina todo tipo de bloqueos, fobias, complejos, miedos, traumas, ansiedad, tensión mental, etc.
  • Proporciona un estado mental claro, sereno, objetivo y ecuánime.
  • Aumenta la percepción, la atención y la concentración.
  • Desarrolla el estado de alerta y presencia en el aquí-ahora.
  • Despierta la creatividad y actualiza el potencial latente de la mente.
  • Genera cualidades y emociones positivas: amor, generosidad, solidaridad, desapego, compresión, compasión, etc.
  • Proporciona confianza y seguridad en uno mismo.
  • Aumenta la espontaneidad y destruye los viejos hábitos y patrones mecánicos de comportamiento.
  • Mejora el desarrollo de las actividades cotidianas (estudio, trabajo, deporte, etc.) y la relación con los demás.
  • Genera una actitud de apertura mental y psicológica.
  • Integra las diversas facetas de la personalidad y armoniza al individuo con la naturaleza y los ritmos cósmicos.
  • Desarrolla el conocimiento de uno mismo, la conciencia espiritual y lleva a la experiencia del Ser, el Samadhi.

Fuente:”Claves del Yoga” – Swami Digambarananda Saraswati

8-EL YOGA DE MEDITACIÓN – Swami Krishnananda – LIBRO COMPLETO

SIGNIFICADO Y MÉTODO DE LA MEDITACIÓN

Krishnananda

El arte de la meditación no es un trabajo para ser realizado en la forma en que efectuamos en la vida los
deberes diarios de la profesión, puesto que todas las actividades de la vida están en forma de una función de la individualidad o la personalidad, actividades que son, en gran medida, extrañas a la naturaleza, debido a lo cual, después del trabajo viene la fatiga y, en ocasiones, quedamos completamente hastiados con el trabajo.

Pero la meditación no es una función de esta clase, y es diferente de las actividades con las cuales el hombre generalmente está familiarizado. Si en algún momento nos sentimos cansados de la meditación, solo tenemos que concluir que hemos estado involucrados en otra clase de actividad que, aunque llamemos meditación, realmente no lo es.

Debemos hacer una distinción cuidadosa entre nuestro ser y la acción que procede de nuestro ser. Lo que en ocasiones fatiga a la persona es ésta última, y no la primera.
Podemos cansarnos del trabajo, pero no podemos cansarnos de nosotros mismos. Se sigue naturalmente que cuando quiera que estemos cansados de un trabajo o función, ésta no es parte de nuestra naturaleza, sino extraña a ella. Si la meditación se va a convertir en un trabajo o función de nuestro ser, también estará por fuera de nuestra naturaleza y algún día, no solo estaremos cansados, sino hastiados de ella, puesto que se impone como un elemento extraño a nuestro ser o naturaleza, y es una característica del ser esencial
deshacerse por varios métodos de cada cuerpo extraño.

Los aspirantes del sendero espiritual generalmente están familiarizados con el hecho de que la meditación es la cima del Yoga, así como la consumación del esfuerzo espiritual. Pero en realidad son muy pocos los que acceden a su significado central, pues la mayor parte de su esencialidad se pierde en una confusión, que generalmente sucede por equiparar la meditación con una clase de trabajo o actividad de la mente, razón por la cual, la mayor parte de las personas encuentra difícil sentarse en meditación por largo tiempo, y
son vencidos tanto por el sueño, como por el cansancio general del sistema psicofísico. Es curioso que aquello a lo que uno apunta como la meta de su vida se convierta en causa de fatiga, frustración y, aun en ocasiones, de disgusto.

Las personas intentan conocer los secretos de la meditación a causa de la insatisfacción con las actividades normales de la vida y al detectar un vacío en el valor de la existencia terrenal. Si aun este remedio que se buscó para llenar el vacío de la vida crea la sensación de otro vacío, defecto o insatisfacción, y si hay factores que pueden presionar a la persona hasta pensar que ya es ‘suficiente’ la meditación y la hacen cambiar a otra actividad, tal como una diversión, se debe concluir que existe un serio defecto en nuestro
concepto de meditación.

Cuando cuidadosa y afectuosamente investigamos sobre la meditación como ejercicio espiritual, nos encontramos cara a cara con ciertas verdades tremendas acerca de la Naturaleza y la Vida como un todo. Antes de dedicarnos a alguna tarea, necesitamos una idea clara de la misma, o al final haremos un lío sobre lo que se suponía, íbamos a hacer.

La pregunta fundamental es: ‘¿Cómo sabe uno que la meditación es el remedio para los defectos de la vida?’
Para una respuesta a esta pregunta se necesita saber qué es aquello de lo que realmente carecemos en la vida, debido a lo cual buscamos ayuda en la meditación. Por lo general, la insatisfacción es causada por un sentimiento que nos invade después de haber vivido la vida un número suficiente de años, y ver que los deseos del hombre parecen no tener fin; que entre más posesiones se tenga, también es mayor la ambición y la codicia; que aquellos que parecen ser amigos, también son capaces de abandonarlo a uno en horas
cruciales de la vida; que los objetos de los sentidos nos enredan en complejidades mecánicas en lugar de aliviarnos de la tensión, la ansiedad y el deseo; que nuestro anhelo de felicidad excede todos los conceptos finitos, y nunca será satisfecho por nada de lo que contiene el mundo por la limitación que causa una cosa excluyendo la otra, y la capacidad de una cosa de incluir a otra en su estructura; que los llamados placeres de la vida parecen ser solo irritación del sistema nervioso, sumisión a impulsos involuntarios y esclavitud de los instintos, en vez del logro de una libertad real, la cual es la única cosa a la que el hombre aspira finalmente.

Si éstas y muchas otras cosas son los defectos de la vida, ¿cómo espera uno corregirlos mediante la meditación? Los defectos parecen ser realmente horrorosos, más de lo que la mente humana ordinaria puede comprender y contener. No obstante, surge la esperanza de que la meditación pueda enmendarlos, y si esta esperanza tiene algún significado o realidad, entonces el rango de la meditación se extenderá más allá de todas las limitaciones de la vida humana.

Entonces la verdadera meditación será un trabajo universal de la mente, y no un simple pensamiento privado encerrado en el clóset de nuestra habitación. Este aspecto de la naturaleza de la meditación no está dentro de la noción que de ella han estado considerando en sus mentes muchos aspirantes espirituales. Un análisis de la naturaleza de la meditación nos muestra una realidad más profunda que aquella que comprenden los procesos psicológicos normales de la mente, tales como el pensamiento, sentimiento y entendimiento, de tal forma que la meditación se convierte en un despertar del alma del hombre, en vez de ser un simple funcionamiento de la mente.

La actividad del alma no florece bajo condiciones normales. Durante la mayor parte de la vida el hombre está confinado solo a ciertos aspectos de sus manifestaciones cuando piensa, entiende, siente, quiere, recuerda, etc. Sin duda todos estos son una expresión parcial de la individualidad humana, pero de ninguna manera se acercan a la verdadera manifestación del alma. La diferencia entre las funciones humanas normales y la actividad del alma, es que en el primer caso, cuando una función se lleva a cabo, las otras están aparte, ignoradas o suprimidas, de tal forma que el hombre no puede hacer todas las cosas al mismo tiempo; en el segundo caso, la totalidad del hombre en su esencia surge ante la ocasión que sea, y nada de él queda excluido de esta actividad. Por rareza el alma actúa en la vida humana, pero cuando lo hace, aun en forma leve o distorsionada, uno olvida todo el mundo incluyendo la conciencia de la propia personalidad y disfruta una felicidad por siempre incomparable. Las manifestaciones leves de alma a través de los canales de la personalidad humana pueden observarse en los extáticos entusiasmos del arte, particularmente de las
bellas artes, tales como la música elevada y la satisfacción derivada de la apreciación de los grandes genios de la literatura. En tales momentos la persona se olvida de sí misma y se vuelve una con el objeto de apreciación. Esta es la razón por la cual el arte es capaz de llamar poderosamente la atención del hombre haciéndolo, por así decirlo, olvidarse de todo. Pero en la vida diaria de un individuo hay al menos tres
ocasiones cuando el alma se manifiesta externamente y lo inunda de incomparable felicidad; estas son ocasiones cuando satisface (1) el hambre intensa; (2) el apetito sexual; (3) el sueño. En estas tres instancias, especialmente cuando los impulsos son muy intensos, la totalidad del ser de una persona actúa, y aquí la lógica del intelecto y las etiquetas del mundo no sirven para nada. La razón es simple: cuando el alma actúa, aun a través de los sentidos, la mente y el cuerpo, los cuales son sus expresiones distorsionadas, su presión es irresistible, porque el alma es la esencia del ser total y no meramente de ciertas facultades funcionales de una persona.

En tanto que puede sacrificarse la felicidad que ofrecen ciertos aspectos de la personalidad en aras de otras
insistentes exigencias, no puede haber tal compromiso cuando el alma presiona a la acción.
El resultado de la anterior investigación muestra que cuando el alma actúa normalmente, no hay conciencia de lo externo, ni aún de la propia personalidad, y la felicidad experimentada es arrobadora y extática. Y hemos observado que la meditación es el comienzo de la acción del alma, y no solo una función de la mente, esto también explicará por qué, cuando se practica correctamente, la meditación es placentera y no puede ser fuente de fatiga o tedio. Sin embargo, la meditación difiere totalmente de las manifestaciones del espacio y el tiempo del alma enumeradas en párrafos anteriores. En meditación la manifestación del alma no es a través de los sentidos, la mente, ni el cuerpo, aunque su impacto pueda sentirse en alguno de éstos antes de que se revele por completo en el proceso llamado meditación.

El Sadhaka intenta manifestar gradualmente su alma en la técnica de la meditación. Los sentidos son un mal medio para la manifestación del alma, puesto que la actividad sensorial nunca es total, ya que un sentido funciona diferente de otro, y excluye al otro, mientras que el alma lo incluye todo. De aquí que cuando hay una presión sensorial proveniente del alma, se convierte en una pasión esclavizante, casi una locura, pues no toma en consideración los otros aspectos de la vida. El cuerpo tampoco es un medio apropiado para la expresión del alma, ya que es inerte y casi carente de vida, a no ser por la energía vital o Prana que lo penetra. El único medio a través del cual se puede revelar el alma es la mente que, aunque opera en términos de la información enviada por los sentidos, también tiene la capacidad de organizar y sintetizar el conocimiento sensorio en una especie de totalidad, de ahí que la mente está en posición de reflejar el alma, cuyo carácter esencial es la totalidad del ser. Por esta razón el proceso de meditación debe ser siempre a través de la mente, aunque su intención es trascenderla. Las actividades mentales al estar a medio camino entre la operación de los sentidos y la existencia del alma, tienen un doble carácter, a saber, atracción por los objetos exteriores y un anhelo de perfección que le viene del interior. Entre más éxito tenga la mente en abstraerse de la información sensorial en términos de los objetos, más éxito tendrá en meditación. Con este propósito, los sadhakas desarrollan una serie de técnicas que retiran la mente de los objetos de los sentidos y la dirigen paulatinamente hacia la totalidad que es el alma. Las principales formas de este método, en forma ascendente, podrían ser: (1) concentración en un punto externo, sea un símbolo, imagen o retrato; (2) concentración en un punto interno, sea un símbolo, imagen o retrato; (3) concentración en la existencia universal.

Para la concentración se escoge un punto externo, sea símbolo, imagen o retrato, con el propósito de que la mente no se sienta despojada de repente de los objetos de los sentidos, y siga ligada al menos a un objeto. Algunos buscadores concentran sus mentes sobre un punto en una pared, la llama de una vela, una flor, el retrato de algo que les simpatiza mucho, o la imagen concreta de una deidad escogida por uno para culto. Todo esto, en últimas, tiene el mismo efecto sobre la mente y ayuda a concentrar los rayos mentales desde la diversidad de objetos en un solo y fuerte rayo enfocado sobre un objeto dado. La intención de tal concentración es desasir la mente de su complicación entre la maraña de objetos. Cada pensamiento es un síntoma de complicación, puesto que el pensamiento recae sobre un objeto, y cada objeto está relacionado con todos los demás objetos por similitud, comparación o contraste. Aparte de este sistema lógico de pensamientos, un objeto físico está sutilmente relacionado con otros objetos físicos mediante vibraciones invisibles, de ahí que pensar sobre un objeto es al mismo tiempo estimular sus vibraciones, las cuales son
inseparables de las formas físicas de los objetos. La concentración sobre una forma dada rompe el hilo que une la mente con las cosas externas, y el objeto de tal concentración, finalmente, es la separación entre el
pensamiento y el sentido de externalidad, que es la esencia de la existencia de un objeto. Cuando el pensamiento se libera de la atadura de la externalidad, a la vez se libera de la calidad de Rajas o fuerza que lo empuja hacia el objeto, así como de Tamas, que es una reacción negativa de la actividad Rajásica. De esta manera la concentración lleva a la liberación de Rajas y Tamas, que coincide con la aparición de Sattva o transparencia de la conciencia al reflejarse a través de la mente. Es en el estado de Sattva cuando el verdadero ser de todas las cosas, llamado Atman, se revela a sí mismo como aquello que comprende toda existencia y que es incomparable en esplendor y felicidad.

Los Sadhakas también practican la concentración sobre centros internos de acuerdo con sus predilecciones
especiales de temperamento. El proceso de liberación psicológica alcanzado es similar al que se obtiene mediante la concentración sobre puntos o formas externas, siendo la única diferencia que en la concentración interna los objetos son solo formas de pensamiento, en vez de cosas o lugares físicos. La idea de ‘externo’ e ‘interno’, realmente hace referencia al propio cuerpo físico, de tal manera que es más un procedimiento adoptado por conveniencia, que un sistema con un objetivo último significativo. Cualquier cosa sobre la que uno se concentre exteriormente, cuando se usa en la concentración interna se considera como una imagen
psicológica. Una característica especial que solo se descubre en la concentración interior, es que en este método se puede concebir a gusto cualquier forma de realidad, así no corresponda a nada del mundo físico, como las ideas de contenerlo todo, felicidad en la unión, unidad, armonía, suprema abundancia y aun ideas tales como el Infinito, la Eternidad y la Inmortalidad. Sin embargo, estas tres últimas ideas mencionadas trascienden la idea de interioridad y abren el concepto de lo Universal.

La idea de universalidad sobrepasa las barreras de externalidad e interioridad creadas por la mente con referencia al cuerpo y la personalidad, y visualiza todas las cosas, incluyendo la propia individualidad, como
orgánicamente relacionadas entre sí en una totalidad más amplia, donde no existen cosas tales como sujeto y objeto, ni el que ve, ni el que es visto, categorías que son el resultado de la auto referencia de cada individuo particular, en contraste con los otros individuos o cosas. Lo universal no puede ser imaginado, puesto que el pensamiento siempre es subjetivo, y a la vez exterioriza el objeto. Por esta razón, el concepto de universal debe ser considerado casi como una imposibilidad.

Sin embargo, para propósitos de meditación, puede presentarse a la mente un concepto universal a través de la mutua transferencia de significados entre el sujeto y el objeto, lo que dará como resultado tres alternativas: (1) Cada sujeto también es un objeto para otros; (2) cada objeto es un sujeto para sí mismo, y; (3) no existe ni sujeto ni objeto donde hay determinación mutua entre las partes de un todo.

Cada unidad de existencia puede concebirse como un todo en sí misma, es decir, un organismo autodeterminado en todo sentido. Puede haber muchos de estos organismos en una serie de pequeños a grandes, y el más grande de ellos es el Universo. Concebir el universo como él se concebiría a sí mismo, es ser capaz de pensar el Universal. En meditación esta técnica envuelve gran esfuerzo de pensamiento y voluntad para mantener la conciencia de la transcendencia de la relación entre sujeto y objeto en alguna de las formas sugeridas arriba. Puesto que la individualidad corporal como organismo psicofísico se mantiene por la tensión entre ella misma y los demás, a los cuales considera objetos, cualquier procedimiento que supere o libere esa tensión, será un método bienvenido de contemplación universal. Los buscadores que están en esta última categoría ciertamente son muy raros y escasos en número, puesto que este pensamiento superior al normal no es dado a todo el mundo, a causa del hábito de la mente de confiar en los objetos de los sentidos, al aislarlos de su verdadera posición. Las Upanishads y el Bhagavadgita están repletos de
descripciones de este estado de conciencia, cuando se contempla el multiforme universal. Se deben mencionar especialmente los capítulos 3° y 4° de la Upanishad Brihadaranyaka; los capítulos 5° y 7° de la Upanishad Chandogya; el capítulo 11 del Bhagavadgita, así como la descripción del Absoluto que encontramos en el capítulo 13.

Esta es la senda del Jnana, conocimiento puro o meditación impersonal.
Los métodos de meditación Bhakti o sendero de amor y devoción enfatizan la forma personal de Dios más que la impersonal, y en vez de la fijación de la conciencia en su papel de puro conocimiento, como en el sendero del conocimiento, dirigen la emoción como amor a la forma en la cual Dios se manifiesta ante la mente contemplativa. La teología Vaishnava concibe a Dios en una serie de cinco manifestaciones conocidas como Para o el Supremo, Vyuha o el Grupo, Vibhava o la Encarnación, Archa o el Símbolo de adoración, y el Antaryamin o Morador Residente. ‘Para’, es Dios concebido como el Creador trascendente, cuya naturaleza inspira temor reverente, y su elevada presencia conlleva el sentimiento de ser inaccesible y remota para el polvo de la tierra. ‘Vyuha’ es Dios concebido como un grupo de manifestaciones, conocidas en las escrituras Vaishnava como Vasudeva, Sankarshana, Pradyumna y Aniruddha, las cuales casi corresponden con la mutua relación de Brahman, Ishvara, Hiranyagarbha y Virat, de la terminología Vedanta.
‘Vibhava’, es Dios en una encarnación manifestada en los planos de creación para remediar las penas de sus
habitantes. ‘Archa’ es la imagen o símbolo usado en la adoración ya sea interna o externa, forma limitada que ayuda a la mente a concentrarse en Dios a través de un foco finito, que paso a paso se va ensanchando a realidades cada vez más amplias. ‘Antaryamin’ es la contraparte de ‘Para’: Dios como la presencia que mora en el interior, no por fuera de la creación y difícil de acceder, sino como el alma de la creación, en cuyo interior vive y es capaz de contactarse vitalmente con cualquier partícula, espacio o átomo.

El sendero del Bhakti también tiene métodos de concentración de la mente mediante Sravana o escuchar las
glorias de Dios, Kirtana o cantar Sus nombres, Smarana o recordar a Dios mediante Japa, etc., Padasevana o adoración de Sus pies en sus manifestaciones o Su ser esencial, Archana o adoración formal mediante métodos rituales, Vandana u oración ofrecida a Dios, Dasya o la actitud de ser un sirviente de Dios, Sakhya o actitud de amistad hacia Dios y, finalmente, Atma-Nivedana o rendirse a Dios. Estos son diferentes medios de alcanzar la consumación del amor divino, por medio del cual la mente se ata a la existencia de Dios y a sus atributos asociados, tales como omnisciencia, omnipotencia, compasión y similares.

La técnica de concentración de la mente en el sistema Yoga de Patanjali está relacionada más con el aspecto volitivo del órgano psicológico, que con el entendimiento y el sentimiento, como en el Jnana y el Bhakti. La voluntad juega aquí un papel prominente, y la concentración es el esfuerzo de la mente por fijar su atención en los diferentes grados de realidad, a saber, (1) el universo físico de cinco elementos en términos de la relación espacio temporal y la relación de idea, nombre y forma; (2) los cinco elementos en sí mismos
independientes de estas relaciones; (3) los principios formativos internos de los cinco elementos en términos de la relación espacio temporal, y la relación de idea, nombre y forma; (4) los principios formativos de los cinco elementos independientemente de las relaciones; (5) la felicidad que sigue a esta concentración en el ser diáfano; (6) la pura Conciencia del Ser, consecuencia de esta felicidad; (7) retención de la memoria de la exterminación de todas las formas mentales en la más fina esencia de la Conciencia del Ser y, finalmente, (8) entendimiento de la Existencia Pura como el Absoluto.

Un sistema espiritual de vida conocido como Karma-Yoga rara vez se asocia con la meditación. No obstante, el KarmaYoga es realmente meditación en acción y es un Yoga por sí mismo. Sin embargo, para los principiantes en la vida espiritual es difícil imaginar cómo una acción puede también ser meditación, ya que la acción se asocia con el movimiento tanto físico, como psicológico, mientras que la meditación se considera como una atención en la cual todo movimiento se detiene. La acción que es el Karma Yoga se diferencia de la usual definición de acción en cuanto se distingue de la concentración o atención de la mente. Principalmente en el Bhagavadgita se encuentra una exposición de este método, donde la habilidad para la acción se identifica con el equilibrio en la actitud de la conciencia. El Yoga no solamente es suprema habilidad en la acción perfecta, sino al mismo tiempo estabilidad de conciencia o ecuanimidad de mente.

Los dos aspectos de esta técnica particular no pueden reconciliarse en tanto la acción esté limitada a las actividades personales provenientes del deseo. El Karma-Yoga es acción sin deseo, la cual es solo consistente con la conciencia espiritual. El Ser, que es puro equilibrio de existencia, es coextensivo a la realidad cósmica y, por lo tanto, puede ser reconciliable con la acción cuando ésta se transforma en un
proceso impersonal de existencia espiritual, en lugar de una actividad personal de deseo individual. Este concepto de acción espiritualizada es un paso avanzado en Yoga y no puede prescribirse a los novicios, que no pueden imaginar nada más allá de su personalidad corporal. Pero una vez ha aprehendido el espíritu, el buscador pasa incólume por la vida, sin que lo afecten las simpatías o aversiones, y contempla la divinidad en todas las acciones, las cuales él identifica con el proceso del universo. En conceptos menores del Karma Yoga, se define éste como la actitud hacia toda actividad, como una forma de movimiento de las propiedades de la Naturaleza externa, de las cuales uno permanece como testigo impasible. También es considerado el Karma Yoga, como acción ejecutada en espíritu de servicio a Dios, o aun de servicio a la humanidad y todos los seres vivientes, acción cuyos frutos el ejecutor no desea, sino que los ofrece enteramente a Dios.

Una característica especial dentro de las formas de meditación interna es un sistema conocido como Kundalini Yoga. Aquí el sistema humano en su sutil carácter interior se considera como una muestra microscópica del universo, y se intenta manipular las fuerzas de la Naturaleza por la regulación de las fuerzas que existen dentro de uno mismo.

Los reinos del cosmos se corresponden con los centros del individuo, los cuales, se acepta, son siete. La concentración sobre esos puntos en el microcosmos estimula las fuerzas allí alojadas, las cuales tienen una relación íntima con los centros relativos en el macrocosmos. Por lo tanto, la meditación sobre dichos centros es equivalente a la meditación sobre la realidad del cosmos. Sobre estas meditaciones hay enormes detalles formulados en un grupo de textos llamados Tantras, los cuales enuncian métodos para sobrepasar gradualmente las formas más densas de la Naturaleza, a través del ritual, la adoración, la recitación de fórmulas, la regulación de la respiración y la concentración de la mente. Puesto que algunas de las formas prescritas en los Tantras llevan al buscador a los objetos de los sentidos y a la Naturaleza material, aunque con la vista puesta en trascenderlos en una experiencia espiritual, el peligro de retroceso o caída para los
inexpertos o incautos es mayor en éste, que en los demás senderos del Yoga. La técnica es muy científica, pero cuando se intenta por parte de mentes no purificadas, no está completamente libre del peligro de caer en tentación y retrogresión.

Todos los procesos de meditación son, en últimas, formas de despertar la conciencia del Alma, la cual es en el fondo conciencia de Dios. En la meditación practicada correctamente, aquello que en apariencia es extraño y externo a nuestro propio cuerpo, se entreteje vitalmente con el tejido de nuestro propio ser. En resumen, meditación es el arte de unirse con la Realidad.   IMPEDIMENTOS EN MEDITACIÓN

Entre más tratamos de entender la vida, más complicada se muestra, y más trata de eludir nuestro entendimiento. La sabiduría humana parece ser inadecuada para la tarea de manejar la situación en un mundo de fuerzas ininteligibles y hechos extraños que golpean fuerte el corazón del hombre.

Mucha de la dificultad radica en entender la estructura de nuestra propia personalidad, la cual está compuesta por elementos que no siempre están dentro del alcance de la percepción normal. La verdad del asunto es que el hombre vive en un mundo de fuerzas y no de personas y cosas.

Manejar personas y cosas es asunto diferente a manejar fuerzas. Porque la actitud humana varía cuando se dirige hacia un centro de fuerza, o hacia una persona o cosa. Es naturalmente imposible tener emociones de amor y odio con relación a un centro de fuerza que está entrelazado con otros centros similares en el mundo. Pero en relación con las personas y las cosas, uno experimenta un tumulto de emociones. Esto sucede por los modos diferentes en la evaluación de los valores. En una persona vemos algo que no podemos ver en un centro de fuerza, tal como un chiquillo ve algo en un muñeco, mientras que una mente adulta no ve nada en él. El chiquillo vincula un valor especial a un muñeco o, por ejemplo, a un auto hechos de azúcar. Para el chico son reales, en tanto que para una mente madura, son solo necios objetos hechos de azúcar. Aquí yace toda la diferencia entre el niño y el adulto. Mientras el niño ve la forma, el adulto ve la sustancia. El valor para el chico está en la forma y el color, mientras que el valor para el adulto está en la esencia. El adulto se divierte ante la evaluación de valores del niño, pues allí no hay la cosa que el niño ve, sino lo que el adulto ve.

Los centros de energía interfieren con nuestras personalidades en variadas de formas. Ese centro particular de fuerza, que por el momento exhibe caracteres de una estructura que en ese instante es el exacto contrario correlativo del modelo estructural de la individualidad de una persona, se convierte en un objeto de atracción y amor para la persona, y sucede un trastorno emocional en relación con ese centro de fuerza que se visualiza como un objeto localizado, debido a la capacidad limitada de percepción visual en el ser humano. Pero cuando en el curso del proceso de evolución natural de todas las cosas, los modelos estructurales de esos centros de fuerza ‘relacionados’, sufran automáticamente un cambio tal que modifiquen por completo sus formas en un espacio temporal dado, se dice entonces que hay lo que llamamos una aflicción, una pérdida de la posesión y, como consecuencia, una pena del corazón.

Las penas parecen inevitables para el ser humano, cuando éste rechaza ver las cosas correctamente debido a su matrimonio con los sentidos, los cuales no pueden ver siquiera lo que hay debajo de su propia piel. El ojo humano no puede ver lo que los rayos X o el microscopio pueden ver.

Tal como el ojo de un niño es incapaz de indagar en la sustancia del muñeco de azúcar, la visión humana no puede tener acceso a la estructura interna de los objetos y los toma por cuerpos sólidos, cuando en realidad son centros giratorios de energía. El microscopio verá nuestro cuerpo de forma diferente de lo que lo ven nuestros propios ojos. Y este error de la vista es lo que nos hace ver valor en las cosas. De la misma forma, nuestros otros sentidos hacen travesuras con nosotros. El gusto a la lengua, el olor a la nariz, el sonido a los oídos y el tacto a la piel, son en realidad diferentes fenómenos psicológicos producidos dentro de nuestro sistema cuando las vibraciones de los diferentes centros de energía universal interfieren en diversas formas con nuestros sentidos. Esta diferencia se debe, de nuevo, a la desemejanza en la estructura de nuestros sentidos. Tal como la misma electricidad congela cosas en el refrigerador, hierve nuestro té en una estufa y mueve un tren sobre los rieles, por la diferencia en el medio estructural a través del cual se manifiesta, así la energía universal se recibe como color por los ojos, sonido por los oídos, olor por la nariz, gusto por la
lengua, y tacto por la piel. La forma en que vemos un cuerpo es la manera por la cual nuestra personalidad total es capaz de reaccionar ante un centro de energía universal.

Cuando se intenta entrar en el campo de la vida espiritual no es suficiente si uno solo trata de entender cómo concentrar la conciencia en el concepto de la realidad, sino que es igualmente importante conocer las formas como uno puede fácilmente desviarse del esfuerzo. La mayor oposición que el buscador debe enfrentar en sus ardientes propósitos viene de las informaciones de los sentidos, que comienzan a protestar porque encuentran belleza y significado en las cosas de formas múltiples, así que tienen razones para amarlas, mientras que la conciencia investigativa interna arguye que la realidad debe ser una. Por esta razón, en las meditaciones espirituales sobre la idea de la realidad los sentidos se rebelan y compelen a la conciencia a poner atención a sus gustos. Los sentidos parecen no gustar de una actitud que no pueda apreciar que hay objetos localizados para amar con satisfacción.

La conciencia universal parece disiparse y encerrarse ella misma en los centros giratorios de fuerza, los cuales son nuestros objetos, y se ve a sí misma como si en un espejo hubiera algo visible con lo cual, de hecho, no puede establecer ningún contacto y por lo tanto no puede ser poseído. La conciencia comienza a verse a sí misma en el objeto al transferirse a éste, y el objeto, al asumir la posición del sujeto, entonces es amado y mimado como si fuera el ser, y el sujeto es transportado al éxtasis por el sentimiento de posesión causado por el contacto psicológico con el objeto, que ha asumido el carácter de sujeto. Lo que se llama existencia mundana es en su mayor parte una danza del ego al son de sus deseos, y un arrebato contra cualquier oposición al cumplimiento de éstos. En el largo plazo, el deseo deja de ser en una función psicológica y asume un carácter metafísico, endureciéndose, por así decirlo, y convirtiéndose en un obstáculo que no puede ser superado fácilmente por el esfuerzo de la conciencia. El deseo de alimento y sexo, así como las demandas del ego para investirse de poder, reconocimiento y gloria, no son solo un acto mental que pueda acallarse con facilidad, sino la rigurosa acción de las fuerzas con las cuales la conciencia se ha enredado, fuerzas que la conciencia comienza a considerar como si fuera ella misma. El amor es doble: sensorial y egoísta. En las meditaciones espirituales los deseos se convierten en enemigos atrevidos que trabajan duro para desobedecer los intentos del espíritu por realizar su presencia universal. En la raíz de todo el problema está la idea del cuerpo, éste actúa como una niebla espesa que hace borrosa la visión de la conciencia que comienza a percibir una diferencia cuando no existe ninguna. Los esfuerzos psicológicos del buscador son vanos ante estas fuerzas metafísicas, porque no es humanamente posible satisfacer la idea de que allí no está realmente un objeto ante nuestros ojos. El objeto rehusa presentarse meramente como una idea, y nadie jamás ha tenido éxito en liberarse del amor por los objetos, porque el amor no puede retirarse de lo que es visible realmente como un centro de significado y atracción.

Y tampoco es fácil contener la rabia contra las fuerzas que parecen obstruir el desarrollo y cumplimiento del amor. Es por esta forma de operación de la mente que con frecuencia el esfuerzo espiritual ha fallado, aún en monasterios y en grutas, y son abundantes los ejemplos de buscadores sinceros, dedicados a la meditación en reclusión por dos o tres décadas, que han caído en actividades sensoriales y aventuras egoístas. Nadie debe tener el atrevimiento de imaginar que ha dominado las técnicas espirituales o que ha dominado los deseos, a pesar de que lleve muchos años de reclusión y meditación. La razón del fracaso, en la mayoría de los casos, es una meditación errónea por años, que involucra la represión de los deseos en lugar de su sublimación. Los objetos no se han desvanecido, aún están allí listos a devorarnos con su tentadora apariencia, y están hibernando aun en una gruta, un templo o un monasterio. En tanto que veamos magnificencia y valor en las cosas del mundo, en las posiciones sociales, en el poder y las dignidades, nuestras meditaciones probablemente demostrarán ser vagabundeos en un paraíso de tontos. A menos que sujetemos firmemente los objetos y transformemos su naturaleza y forma en su constitución espiritual, no podemos decir que de verdad meditamos en la realidad. Una ola no puede resistirse al océano. Para lograr algún éxito debe sumergirse dentro del mismo océano.

En los propósitos espirituales la debilidad de la voluntad es, parcialmente, la razón del fracaso. También sucede, infortunadamente, que el tiempo que la mayoría de la gente dedica a la meditación es muy poco, en comparación con la parte del día y la noche cuando la conciencia persigue vigorosamente el placer. Cualquier pequeño beneficio que se haya acumulado durante el corto período de meditación, será probablemente arrastrado por los fuertes vientos de los deseos que soplan durante la mayor parte del día.

Así, pues, los deseos no deben tomarse a la ligera. Tienen poderes ante los cuales las más destructivas bombas no son nada. Los moradores del cielo, que envían ninfas para confundir las meditaciones de los Yoguis, son las esencias más sutiles de los sentidos, las cuales están cósmicamente distribuidas en reinos etéreos y vuelan como aviones hacia sus respectivos objetos, en tanto que el débil poder de raciocinio del hombre queda mirando aturdido y con una sensación de depresión, un talante melancólico y, al fin y al cabo, un sentimiento de desesperanza en los esfuerzos humanos.

Y no es que el esfuerzo no sirva, sino que los esfuerzos ordinarios son inadecuados. Las bellezas celestiales descienden al mundo moral para tentar a los aspirantes incautos mediante presentación constante de variedad en belleza y valor. Cuando el aspirante ha dominado una forma de resistencia, se encuentra de nuevo preso de otra, la cual es nueva para él. Mientras se ocupa con los métodos para sobreponerse a este segundo frente de lucha, encuentra que ha caído en el charco del tercer grupo, cuya existencia nunca notó antes. De esta manera parece que la vida se gastara en una lucha perpetua por conquistar el sentido de valores erróneos, pero la vida es demasiado corta aun para contar el número de tales valores, así como las fuentes de tentación y oposición. Este ha sido el dilema de miles de buscadores tanto en Oriente como en Occidente, y no es extraño que el Señor Krishna nos prevenga en el Bhagavadgita: ‘De entre miles de personas, solo unos pocos intentan lograr la perfección; y aún dentro de estos pocos que lo intentan, solo uno verdaderamente la obtiene’.

La vida del buscador espiritual es una multitud de miserias, pérdidas y retrocesos, uno detrás de otro. Es como intentar nadar a través del vasto océano con la fuerza de los brazos. Estas dificultades han sido comparadas por los expertos con tareas tan formidables como atar un elefante salvaje, engullir fuego, caminar sobre el filo de una cuchilla de afeitar, o secar el océano achicando el agua con una hoja de pasto, etc. Estas analogías pueden sonar terribles, pero no están muy alejadas de la verdad. Nadie ha alcanzado la perfección espiritual siendo indulgente con los deseos, pues aun un solo acto de indulgencia sensual o egoísta, puede obrar como si se encendiera un fósforo, cuyas chispas son suficientes para producir una conflagración que consume todo el esfuerzo acumulado del pasado. Historias tales como la del santo Visvamitra, Parasara, etc., vienen a nosotros como prevenciones en el camino, señales y luces de guía, no obstante, no podemos aprender por la experiencia de otros.

Todos deben hollar el mismo camino que otros transitaron hace tiempos. Todos deben sufrir el mismo proceso por el cual Visvamitra fue disciplinado, Saubhari fue purificado o Durvasa confrontado. Los poderes del universo actúan de igual manera sobre todos, y ejercen la misma presión sobre nuestra meditación. Los amores y odios del corazón son las ansias de la estructura total de nuestra individualidad, y no son meramente funciones de la mente consciente. Es todo el ser el que salta de felicidad cuando está cerca de un objeto de amor. Cada célula del cuerpo exhala su amor. Cada nervio del cuerpo vibra en simpatía con el objeto. No es solamente la mente pensante la que funciona aquí. Es por esta razón, que el amor y el odio son tan difíciles de conquistar, pues esto involucra la conquista de los instintos de toda la personalidad, los cuales están dispuestos a saltar para perseguir un objeto u objetos. Estas sutilezas de la vida humana y de la aventura espiritual, son desconocidas para la mayoría de los buscadores. Muchos han pensado que la vida espiritual es solo cuestión de libre elección, y que es suficiente si uno anda con taparrabos, come solo una vez al día, y duerme apenas dos horas. Aunque todas estas prácticas son buenas en sí mismas, no obstante, ni siquiera rozan el borde del problema principal. Es aquí cuando muchos invocan desesperados la ayuda que solo Dios puede otorgar al buscador, ya que el solo esfuerzo no sirve de mucho.

El remedio para todo esto es la meditación misma, pues no hay otra forma. Las leyes de la Naturaleza parecen ser tales, que uno no puede vivir ni morir felizmente. Esta dificultad se resume en una simple palabra: ‘Samsara’. La cura para el Samsara es la meditación espiritual, que tiene gran variedad de técnicas que deben emplearse con el mayor cuidado. Nada parece suceder cuando el proceso de meditación es tedioso, o cuando una hoja de pasto roza una mano adormecida. Pero cuando parece que un intruso ha llegado, los perros guardianes se despiertan a una actividad violenta, y ofrecen atacar con todo su poder. La belleza sensorial y la grandeza personal, que están escondidas dentro de los recursos de la Naturaleza, se excitan cuando la meditación comienza con la seriedad necesaria.

El universo es como un poderoso sistema de radar instalado por todos lados para registrar cada acción y cada acontecimiento que suceda en cualquier lugar, aun los de más leve intensidad o movimiento. Cuando la meditación se hace apropiadamente, no es un proceso de pensamiento silencioso, que no interfiere con nada, efectuado por alguien en un sereno rincón, sino una positiva interferencia con la estructura misma del universo, y algunas veces se pone en operación un sistema para que las fuerzas enemigas reciban una advertencia, por así decirlo, de que alguien está en meditación. De inmediato, lo que se conoce como naturaleza inferior reúne fuerzas contrarias, y la meditación recibe un revés. El más grande obstáculo en meditación surge de nuestras emociones, puesto que la vida humana esencialmente es un despliegue de sentimientos. Se reviven recuerdos olvidados que asumen vida una vez más, creándose un poderoso desorden que con vehemencia hace lo posible para traer a la conciencia, que está concentrada, las circunstancias mundanas de amor y odio. Es aquí cuando los anhelos que una vez fueron suprimidos se intensifican, y los deseos ocasionales de aquella persona dedicada a prácticas espirituales pueden ser aún peores que los que vemos en el común hombre de mundo. Porque la reacción que viene con una venganza siempre es más vehemente que la forma usual en que obran las fuerzas contrarias. Amores y odios son aquí magnificados, y un objeto feo luce hermoso. Tonterías pueden asumir gran importancia, y la menor reacción de alguien puede verse como una positiva enemistad. Aparecen miedos imaginarios que no se pueden remediar por ningún medio disponible, y apegos de peculiar naturaleza, a veces difíciles de entender, surgen en el corazón. En tal condición, personas de bien pueden robar un lápiz o un cortaplumas, acto que normalmente uno no cometería. Los apetitos se vuelven más virulentos y el hambre puede volverse insaciable. A pesar de ellos mismos, los aspirantes comienzan a desarrollar afectos. Para las hambrientas emociones todo parece hermoso y adorable. Se forman apegos a cosas tales como el perro o el gato. La variedad del problema es impensable.

Quienes han logrado la santidad han reiterado que las primeras oposiciones a la meditación espiritual vienen de los deseos de fama, poder, riqueza y sexo. El deseo por ganar buen nombre ciertamente es muy natural. No se tolera la censura porque es una condena al ego. El amor por el poder también puede insinuarse en la mente del buscador, y uno puede sentirse satisfecho ejerciendo el poder sobre su ayudante o sirviente, cuando no hay alguien más sobre quien hacerlo. El deseo de opulencia no siempre llega en forma de ambición por vastas riquezas, ya que los deseos son astutos en su forma de obrar, como si fueran conscientes de que si piden mucho, no tendrán éxito, así que piden cosas pequeñas que fácilmente serán concedidas. El dinero, al menos en pequeñas cantidades, deviene en una necesidad, y existen obvios argumentos en su favor. Ningún deseo se presenta sin una buena razón detrás de él. Cada preferencia o anhelo, luce racional y justificado. Pero, principalmente, el deseo de sexo supera a los demás. Se dice que este impulso solo muere cuando muere la persona. En nuestras Escrituras hay anécdotas de anacoretas sobre quienes la primera arma descargada fue el objeto de la lujuria. Esta tentación difícilmente puede resistirse. Ni siquiera el más sabio de los Yoguis se reputa completamente libre de sensibilidad a la armadura del sexo. Que alguien haya llevado la vida de hombre casado, y que con posterioridad se dedique a la meditación, no garantiza inmunidad a las futuras tentaciones del sexo, puesto que este deseo no tiene fin, y parece no agotarse por el uso constante, o estar satisfecho aún tras repetidos disfrutes. Aquellos que no están totalmente familiarizados con este instrumento del Tentador, verdaderamente terminarán en un miserable fracaso de sus intentos, y sufrirán una derrota en su meditación.

En buscadores educados el ego puede volverse vanidoso, debido a lo cual puede surgir el deseo de mostrarse o pueden, de repente, imaginar que tienen la misión de salvar al mundo de la ruina. Muchos buscadores han sentido honestamente que son verdaderos Avatâras (encarnaciones divinas), y que su conocimiento no tiene parangón en el mundo. Uno puede comenzar a sentir que siempre está en lo correcto y que nunca estará equivocado, aquí cualquier consejo o sugerencia por otra alternativa, lo harán resentirse.
Este es el dominio del ego, ante el cual los aspirantes fácilmente pueden caer.

Con frecuencia comienza a apretar el corazón del aspirante el sentimiento de un miedo desconocido, cuyo
origen no puede descubrir con facilidad. Parece como si la misma tierra se hundiera bajo sus pies, y todo el mundo lo hubiera dejado a su suerte. Hay deseo y no puede satisfacerse. Hay ansia que no puede recompensarse.

Ocasionalmente, hay ira que no puede expresarse adecuadamente. Aun puede llegar el miedo a la muerte como la última de todas las amenazas, y todo esfuerzo parecerá haber sido en vano. La vida parecerá estar terminando sin haber logrado nada, excepto sufrimiento. Estas son algunas de las horrorosas escenas que el buscador en el sendero de la meditación tendrá que atestiguar, y verdaderamente bendecidos son aquellos que logren el éxito en medio de esos precipicios y trampas. Gautama, el Buda, sufrió todas las pruebas, pero era un hombre de madera muy fina, y alcanzó la iluminación a pesar de esas oposiciones.

El exceso en la práctica puede causar enfermedad física, la cual actúa como un impedimento al progreso. La práctica excesiva puede causar en el aspirante embotamiento y cansancio mental. En cierta etapa, se llega a dudar hasta de la eficacia del propio método. Un largo período de continuo esfuerzo puede resultar en suspensión de la práctica y disminución de la meditación. Puede establecerse una torpeza general en todo el sistema y un sentimiento de ‘es suficiente’ con lo que se ha hecho. Puede surgir el deseo de satisfacciones pequeñas, las cuales cuando se cumplen, pueden asumir grandes proporciones. Luces y visiones, contempladas debido a la presión sobre el Prana, pueden confundirse con visiones de Dios o experiencia mística. A veces uno pierde el punto de concentración, el cual rehusa venir ante el ojo mental. Y cuando se ha conseguido, parece sacudirse y nunca queda permanentemente fijo. Pueden aparecer temblores en el cuerpo, depresión y disgusto, que perturban la paz mental.

El tumulto de obstáculos en meditación estará allí mientras que el pensamiento no haya entrado en el ser, y esté luchando por obtener la entrada en él. Los juicios de valor de los sentimientos individualistas y las emociones no se van con facilidad, sino que persisten viendo los objetos como buenos para adquirir o evitar. Los centros de fuerza de los que está hecho el universo, aún parecen como objetos concretos localizados en el espacio y atraen nuestra atención.

En tanto la meditación permanezca solo como pensamiento de la mente, las dificultades usuales del camino no podrán evitarse. La gran guerra tiene lugar cuando el pensamiento toca la puerta del ser y trata de entrar en él. Los oponentes son los poderosos porteros que custodian la entrada en el Absoluto.

Uno debe ser cauteloso para manejar las fuerzas contrarias. Un ataque directo y frontal no siempre tiene éxito, puesto que los enemigos son igualmente poderosos, si no mejor provistos que las energías del buscador. El aspirante nunca deberá llegar a extremos en el camino espiritual, sino que debe seguir siempre el justo medio en consideración y juicio. Algunas veces, bajo estricta vigilancia y cuidado, puede ser necesaria una pequeña satisfacción o un poco de alivio a la tensión, cuando la mente y los sentidos se vuelven turbulentos y la muerte parece ser la única cosa inevitable. El Buda, de nuevo es aquí nuestro ejemplo: mucha austeridad casi mata su persona sin que algún beneficio le trajera.

Ocasionalmente, con una tremenda vigilancia pueden ser aconsejables satisfacciones moderadas. Todo esto debe hacerse con un entendimiento sobrehumano de la situación, puesto que la ética o moral corriente en el mundo, no se aplica en su sola letra al buscador. La ética de la vida espiritual varía un poco de aquella del hombre común del mundo. Mientras que la moral de la sociedad puede ser estereotipada y pasar sin cambios de abuelos a nietos, la moral de la vida espiritual puede cambiar su énfasis sobre diferentes caras de las misteriosas dificultades del camino. El famoso verso del Bhagavadgita sobre este tema, establece una verdad para todas las épocas: El Yoga no es para aquel que disfruta mucho, ni para el que se abstiene de todo disfrute, no es para aquel que duerme constantemente, ni para el que está siempre despierto. El Yoga pone fin a las penas de aquel que es moderado en el disfrute, la recreación, el trabajo, el sueño, así como la vigilia. Este justo medio es difícil de percibir, pero puede verse con una inmensa sutileza del entendimiento discriminatorio. En todos estos esfuerzos, es necesaria la guía personal de un Maestro o experto experimentado.

Los obstáculos a la meditación pueden enfrentarse solo por la meditación practicada repetidamente con denodado vigor. En meditación, el pensamiento y el ser se unen para formar uno. Esa es la etapa de la intuición, cuando los objetos descubren su carácter esencial y deponiendo todas sus tácticas de oposición y rebelión, a las que acudían antes, asumen una actitud amistosa, y entonces todo el universo parece estar a nuestra disposición. Los habitantes mismos de los planos superiores comienzan a ayudar al aspirante, en lugar de oponérsele como hacían antes. La ayuda comienza a fluir desde todos los lados, y el gozo sobreviene en la naturaleza del aspirante. La luz comienza a fulgurar desde cada átomo del espacio, y el tiempo se vence a sí mismo. La distancia entre las cosas desaparece, y las estrellas lejanas parece que rodaran bajo sus pies. Todo lo codiciable o deseable se le presenta en su forma real como un hecho eterno del cual nunca será desposeído. El infinito y la eternidad se unen en existencia pura. Amigos y enemigos se encuentran y entran en el corazón del meditador. El universo abandona su externalidad, objetividad, materialidad y transitoriedad, y asume su forma suprema, absoluta, espiritual, inteligente y delectable.

Inmortalidad y muerte se convierten en las alas de una sola experiencia, y todos los juicios entran en el mismo ser del Juez Universal. Es el principio de una posesión universal por parte del Ser, donde la Creación parece filtrarse en su existencia, y en un resplandor de conciencia, el hombre logra el conocimiento de que su entera naturaleza, tanto física como intangible, está unida a toda la vida que palpita y pulsa por todas partes. En los estados más elevados de la experiencia espiritual, el aspirante lo incluye todo y es incluido en todo, conoce y comprende todo. Esta experiencia es supra-sensorial, supramental y supra-intelectual, aquí la personalidad tiende a desintegrarse y el buscador siente que se desliza en una esfera de vastísimas implicaciones sondeando profundidades abismales, escalando vertiginosas alturas, contemplando enormes perspectivas desconocidas en la tierra. Hay una sensación de Poder que afecta cada partícula de su naturaleza, y es bañado en una Luz de indescriptible brillo.

Hay conciencia de la interpenetración de todas las cosas, y la persona está simultáneamente en todos los lugares. Cada simple detalle se conoce exactamente en su propio lugar, en su mínimo pormenor y en su relación con el Todo. Todo se vuelve claro como el cristal, la luz brilla por separado desde cada punto del espacio, no solo desde un astro, como el sol en algún lugar del distante espacio. Uno se vuelve inmortal.   PREPARATIVOS PARA EL CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO

El equipaje con el cual uno tiene que proveerse para entrar en el campo de la meditación no es menos importante que el conocimiento mismo del arte de la meditación. Muchos buscadores con un acopio de conocimiento de los métodos de meditación, con frecuencia fallan en alcanzar un éxito tangible en sus esfuerzos, debido a que no se han preparado apropiadamente para la tarea que se han propuesto. Hay muchas preguntas y problemas que subconscientemente, no conscientemente, alteran y agitan la mente de un individuo durante casi todo el día y la noche, sin consideración de su posición en la sociedad y las abundantes riquezas que pueda poseer. Las sutiles vibraciones antipáticas puestas en acción por ansiedades y limitaciones de varias clases, mantienen en suspenso la mente, cuando no hostigándola constantemente en un estado de guerra fría, por así decirlo.

Aquí tenemos que traer a consideración las relaciones externas de la vida, tales como las políticas, sociales, económicas, morales, estéticas, biológicas, así como las predilecciones y restricciones religiosas, aparte del carácter psicológico general. A una persona políticamente esclavizada hasta el meollo, sea por un mecanismo de Estado o por malos sistemas administrativos que causan tensión nerviosa, como aún hoy se ve patentemente en muchos lugares del mundo, se le niega la libertad natural que se debe honestamente al ser humano por derecho de nacimiento, y ese peso muerto de la institución mecanicista externa con seguridad determina intensamente a los principiantes en la ciencia de la meditación. No hay duda de que es una necesidad indispensable cierta cantidad de libertad respecto de las cadenas de una forma política de gobierno rigurosa y arrogante, y todos los genios y personajes culturalmente avanzados de cualquier país o nación, han sido aquellos que han tenido libertad de pensamiento, de opinión y de albedrío, y han alcanzado liberación de un gigantesco control estatal puramente mecánico, debido a que la nación o el país se ha elevado de la ley de la selva, a la ley del entendimiento, a la ley de un sentimiento del significado del valor del individuo en su propio e independiente estatus, mismo que disfruta desde el nacimiento, no por la bondad o caridad que recibe individual o colectivamente de otros, sino por la materia de la cual está hecho en sí mismo, una chispa eterna y una llama de anhelo por más y más crecimiento y expansión, una luz que no puede extinguirse ni siquiera por el vendaval de las vicisitudes más fuertes del tiempo. Un espécimen de tal Estado libre, compuesto de individuos liberados como lo fueron sus florecientes ciudadanos, ha sido para el pueblo de la India el ideal de Rama-Rajya, un ideal que, se dice, ha sido materializado históricamente en la antigüedad, un ideal que es el sueño acariciado y la esperanza de cada pensador político en la India, más aún, de cada estadista de cada nación. La libertad política puede que no tenga relación directa con las meditaciones espirituales, pero que tiene relación sobre la vida de un individuo que es espíritu, mente y cuerpo, todo en uno, debería ser tan obvio, como para requerir explicación o exégesis.

Demasiada ansiedad por reformar a otros en la sociedad y el mundo en general, sin purificarse uno mismo y sin estar en disposición para la tarea, debe considerarse como el mayor obstáculo en el esfuerzo por perfección espiritual. Antes de intentar poner orden en el medio ambiente objetivo, deben considerarse con cuidado los impulsos subjetivos y los anhelos. Para lograr buenos y beneficiosos resultados en cualquier dirección, primero debe construirse una personalidad integrada, que manifieste proporción en las funciones de los niveles físico, vital, mental, intelectual y espiritual del ser. Sería un serio error olvidar este punto y poner énfasis solo en la armonía social exterior. Sin un conocimiento de sí mismo en un apreciable grado y sin una total comprensión de la vida, los intentos de planeación social están destinados a fallar y a conducir a conflicto y confusión, en lugar de a la ansiada paz social y a la armonía.

Aparte de esto, el hombre tiene sus propias restricciones sociales: los “haz esto” y “no haz aquello” de la comunidad en la cual se educa, que se supone le ayudan y apoyan, pero que con frecuencia estorban y obstruyen el crecimiento del individuo para alcanzar más elevados espacios de la mente y el espíritu. Las limitaciones impuestas a la vida de una persona, sean políticas o sociales, se proponen moderar los excesos en pensamiento, palabra y acción, sus caprichos, extravagancias, antojos y fantasías, así como los prejuicios de varias clases, a los cuales cuando se les deja la cuerda larga, probablemente privarán a otros de sus derechos y requerimientos o, algunas veces, aun los arruinarán totalmente. Mientras que este es el aspecto positivo y sano del control exterior, también tiene éste su lado negativo y deletéreo, cuando pierde de vista el bien del individuo y lo cambia por un endiosamiento de la exigencia de su obediencia, y una supeditación a la autocracia de aquello que, por el contrario, debería ser el principio rector y guía para la vida. En la vida social de la India, particularmente, existe aquello conocido como el sistema de castas o clasificación de las personas en grupos sociales, exigida por la necesidad de cooperación entre las dotes y capacidades específicas de las personas que deben llevar una vida en colectividad, para el bien y mejoramiento mutuos. Pero esta muy necesaria provisión para el orden de los grupos en la sociedad puede excluir a ciertas personas de la misma oportunidad de mejoramiento y crecimiento, cuando los grupos que forman parte integral de la organización de la sociedad, se segregan en clases competidoras en lugar de cooperadoras, llevándolas a las subsiguientes consecuencias de mutua aversión, conflicto y lucha de diversas intensidades. Esta es la farsa y tergiversación de la norma social con propósitos de ventaja personal, aunque al final esta ventaja conduce a la ruina personal de la cual uno, en su ignorancia, no es generalmente consciente. Es costumbre de la personalidad egoísta sacar ventaja de cualquier situación en que se encuentre y torcerla para sus propios fines y convertir en vicio, aun una virtud universalmente aceptada y loable. Las personas envueltas en tales circunstancias de la sociedad necesitan una mano amiga y una palabra iluminadora, pues la persona socialmente castigada, así como el políticamente avasallado, va a encontrar que un avance mayor en el campo de la vida interior, casi que estará más allá de su alcance. El Estado y la sociedad en gran medida son responsables por la calidad y número de individuos que puedan atreverse y tener éxito en sus esfuerzos por un avance espiritual en la meditación sobre realidades más altas.

También se dice que la religión no puede enseñarse a estómagos vacíos, gran verdad con mucho significado. La realidad se manifiesta por grados y aún el plano físico, es un grado de su expansión. No se trata de que uno pueda saltar a los cielos del espíritu desde el cuerpo que pesadamente se arrastra sobre la tierra sin una adecuada preparación. Alimentación, vestuario y techo, comodidades de la criatura humana, son necesarias al menos en una mínima proporción, y en tanto éstas sean absolutamente esenciales, uno deberá tener la oportunidad de adquirirlas con un sentido libre de apego y ansiedad. Muchas comodidades causan apego y muy pocas, ansiedad. De aquí que los principiantes en el Yoga de la meditación deban seguir un camino medio con la escogencia de unos medios sanos y moralmente justificables para ganarse la vida mediante el servicio de alguna clase, o la producción de acuerdo con sus capacidades individuales, en un grado permisible y posible. Demasiado idealismo completamente despojado del toque de realismo, será una piedra de tropiezo que al final conducirá a la caída, y al mismo tiempo, mucho interés en las comodidades materiales sin el idealismo encumbrado de la espiritualidad, conducirá al derrumbe de nuestros propósitos. El Madhyama Marga o el camino medio, del que usualmente se dice fue el escogido por el Buda, es un buen ejemplo de evitar los extremos en cualquier curso de acción, y de cómo templar la cuerda diestramente para producir la más hermosa música de la armonía de la vida. En el lenguaje del Bhagavadgita, esa destreza se llama Kausala, y la armonía, Samatva, dos términos que tienen una amplia connotación, aplicable a todos los niveles de la vida. Mantener el cuerpo en perfectas condiciones de salud es una necesidad, aunque la intención sea trascender sus demandas y limitaciones, paso a paso, mediante una moderada auto restricción practicada gradualmente.

Íntimamente conectado con este aspecto de la vida del buscador está el aspecto moral de su vida personal y social. Las necesidades económicas de una persona generalmente están enlazadas con los procesos que emplea para aceptar provisión material e intelectual de la sociedad. En el caso del hombre corriente su necesidad probablemente se convertirá en codicia, la cual lentamente se convertirá en obsesión y pasión, hundido en las cuales, se convertirá en un explotador y atesorador, cuyo principio es tomar más de lo que entrega. Pero la política del buscador espiritual, aun cuando no pueda elevarse por encima del hecho de ser una unidad económica de la sociedad humana, es no tomar más de lo que entrega, porque esta es la única forma en que puede evitar las reacciones de la Naturaleza, conocidas como némesis de Karma. La Naturaleza siempre mantiene un equilibrio en todos sus niveles y no puede tolerar ninguna interferencia con dicha ley. Quien quiera que interfiera con la ley del equilibrio de la Naturaleza, sea física, mental, moral o espiritualmente, recibirá un rechazo por parte de la Naturaleza, y este rechazo es el sufrimiento del hombre en la vida. Sostienen los estudiosos de la moral que la regla ideal de conducta es tratar a otros como fines en sí mismos, en lugar de tratarlos como medios para ulteriores fines, puesto que a nadie le gustaría ser tratado como un instrumento o herramienta para producir satisfacción a otro. Esta característica de la persona como fin en sí misma y no como medio, revela la verdad de que cada uno es un fin y no un medio, y tratar a todos en esta condición es la esencia de tratar al otro como a uno mismo, porque uno mismo es un fin en sí mismo. También es la razón tras la enseñanza: ‘Haz a otros lo que quieras para ti’, o en palabras del Mahabarata: ‘Uno no debe aplicar a otros, lo que es contrario a uno mismo’. Esta es, entonces, la gran ley de la moralidad en el mundo, y también es la forma de desenredarse de las garras de la ley del Karma. También es la ley de aquello conocido como Yajna o sacrificio, descrito en el más épico y poético estilo en el Purusha Sukta del Veda, y en los capítulos 3 y 4 del Bhagavadgita, sacrificio en sus significados cósmico e individual. Sacrificio es vida, porque sacrificio es cooperación, cooperación es armonía y armonía es un reflejo del Verdadero Ser.

Un aspecto bastante pertinente, pero muy descuidado de la búsqueda espiritual, es la observancia de estricta continencia tanto de la mente, como de los sentidos. Esta disciplina se ha llamado Brahmachraya, un recurso extremadamente sutil para asegurar la fuerza y el crecimiento de la personalidad, así como el florecimiento completo de la vida en la realización consciente del Espíritu Supremo en la vida práctica. El hombre moderno con sus energías disipadas no tiene la educación o el tiempo para poner atención a esta parte moral, vital y vulnerable de su vida, la cual cuando no se guarda con gran entendimiento y cuidado, puede al final significar su ruina en cuerpo, mente y alma. Los deseos caprichosos y morbosos del corazón humano que caracterizan a la sociedad moderna en general, tienden a desintegrar los alientos vitales de la personalidad, razón para que no exista paz ni en la persona, ni en la familia, ni en la sociedad. Nada puede considerarse más saludable y necesario que el auto control que significa Brahmacharya, para perpetuar la salud y la buena voluntad, la participación mutua en una buena causa común, así como la fuerza espiritual y el lustre en toda la naturaleza humana.

La ley del sacrificio es a la vez la ley de la atuorrestricción, cuyo precepto se conoce como Yama en la ética del Yoga. Yama o autorrestricción es un proceso de auto subyugación, una restricción de las pasiones en forma de lujuria, codicia, odio e ira, así como la no aceptación de más posesiones que las que realmente necesita para el mantenimiento de su individualidad psicofísica. Esta es la materia tratada en gran detalle por las escrituras sobre Yoga. Y es una regla preeminente en la vida del estudiante que desea alcanzar algún éxito en meditación. La ley de tratar a otros como fines en sí mismos, es suficiente explicación del significado de Yama o autorrestricción en la vida de un aspirante que progresa en la senda espiritual.

Calor y frío, hambre, sed y sueño, son necesidades y presiones biológicas que no pueden pasarse por alto fácilmente, y ‘al diablo hay que pagar la deuda’. Aquí, de nuevo, son indeseables el exceso o la escasez, y la regla de moderación a seguir está bien expresada en el capítulo Sexto del Bhagavadgita. El principio a adoptarse no es ni el manjar, ni la inanición. De nuevo la regla es mantener el equilibrio en la actitud y la atención al grado de realidad en el cual uno se encuentra en determinado momento de la vida. Los impulsos hedonistas y el sentido estético que normalmente son considerados normales en la naturaleza humana, son frecuentemente excluidos por profesores ascetas de espiritualidad, porque no tienen nada que ver con la vida espiritual y ni siquiera con una vida buena. Sin embargo, aquí de nuevo, el criterio es saber el grado en el que se encuentra la mente del buscador, y ésta es la medida desde la que se puede juzgar si algo es necesario o no. No siempre es fácil para uno juzgar sus necesidades, porque fácilmente puede caer en excesos o hacer una lectura errónea de sí mismo, debido a una inteligencia nublada o, con mucha frecuencia, debido a debilidades personales o parcialidad a favor de uno mismo. Artes como la escultura, la pintura y la música, no son malas en sí mismas, y al menos en los estados iniciales de ascenso espiritual, cuando se tratan apropiadamente, pueden muy bien convertirse en canales de sublimación y elevación de las emociones. Demasiado rigor es malo, y ésta es una regla para todo, y podemos decir, tan malo como demasiada laxitud. Es fácil hartarse o aguantar hambre, pero no lo es comer moderadamente; es fácil hablar siempre o no decir nada, pero no es fácil decir palabras moderadas. Los impulsos del sentido estético también pueden expresarse provechosamente a través de actividades literarias. La lectura intensiva de poesía espiritual o prosa filosófica, la lectura cuidadosa de porciones sublimes y pasajes instructivos de Shakespeare o Milton, Valmiki o Vyasa, de verdad recompensan al buscador de la verdad.

Los buscadores a veces son apáticos hacia su cuerpo, el ‘hermano asno”, como lo llamaba san Francisco de Asís. No obstante, es una buena bestia de carga y si no estuviera ahí, ¿quién soportaría el peso de la vida? Vivir en frío extremo, sin abrigo apropiado, comer negligentemente y disminuir el sueño en extremo, pueden dañar la salud en lugar de ayudarla a lograr el fin de iluminación espiritual para el cual dichas austeridades son un medio. En todas estas contingencias de la vida superior es necesaria la instrucción directa de un Gurú o Maestro. Ningún estudiante se puede considerar a sí mismo tan avanzado que no necesite ninguna instrucción o guía. Humildad es la característica aún de aquellos que están a punto de tropezar con el océano de la Realidad. Humildad. No hay daño en mantenerse en segundo plano. El daño está solamente en la autoafirmación.

Naturalmente la atmósfera religiosa en la cual uno haya crecido colorea fuertemente los sentimientos. El Hindú, el Budista y el Jainista, el Cristiano, el Musulmán y otros, todos son obviamente educados bajo la influencia de especiales y peculiares nociones religiosas que impactan su vida personal y social. Tienen sus propios modos y rituales, ayunos y observancias, y cada uno de ellos tiene un elemento bueno, que puede seguirse con ventaja cuando se toma como un medio honesto de auto purificación y auto evolución. Pero las diferencias en las ideologías religiosas no deben interferir con la aspiración humana de universalidad espiritual. Esta es una verdad básica que la mayoría de los seguidores de las religiones son dados a olvidar. Religiones que predican la unidad de Dios y la hermandad de la humanidad, con no poca frecuencia patrocinan y protagonizan guerras religiosas, y este es el alcance al cual puede llegar el fanatismo, una total representación errónea de aquello que está para elevar al hombre al ideal espiritual cósmico. Los rituales religiosos son una gran ayuda en Sadhana, y las diversas clases de fe en las prácticas religiosas, son un buen paliativo para la emoción humana. Pero también actúan como espadas de doble filo que en manos inexpertas pueden causar doble daño. Los rituales religiosos también tienen un valor estético, son un arte en sí mismos, como la escultura o la pintura. Sin embargo, lo que el buscador debe evitar vigilantemente, es la intolerancia o fanatismo en sus prácticas y actitudes.

El estudio de textos espirituales es una gran ayuda como preparación para la actitud meditativa. Las Upanishadas, el Bhagavadgita, el Sermón del Monte del Nuevo Testamento, el Dhammapada, y selecciones similarmente idóneas de la sabiduría de las diferentes religiones, pueden tomarse como libros de texto para el Svadhyaya diario o estudio sagrado. Tal estudio es una ayuda para liberar la mente dentro del delimitado ámbito de los sublimes pensamientos registrados en esas Escrituras. De hecho, generalmente hablando, este estudio es una clase de meditación en sí mismo. Japa o recitación repetida de un Mantra o fórmula, un concepto o idea, es de nuevo una ayuda directa a la meditación. El Japa de un Mantra regularmente realizado a diario, incita en la persona nuevo y desconocido poder. Aquellos novicios en la práctica que no pueden dedicarse exclusivamente a la meditación, deben recurrir de forma alterna o circular, a Japa, estudio y meditación, de tal manera que la mente no pueda cansarse de la monotonía de la práctica. El estudio y el canto pueden ser en voz alta o suave, y puede ser silenciosa, según el caso, de acuerdo con la constitución y necesidades psicológicas del estudiante. Un método particular llamado Kirtana y Bhajana, que consiste en la recitación musical y canto de diversas maneras de los divinos Nombres y de las Glorias de Dios, es sumamente útil como método para purificar y sublimar la emoción, y elevarla a la ardiente devoción a Dios. Este es precisamente el método del Bhakti Yoga o el Yoga de la Devoción Divina.

La localización o morada del estudiante de Yoga que intenta practicar meditación, debe ser lo más aislada que sea posible de los lugares de ruido y actividad agitada, tales como ciudades, fábricas, centros de comercio, etc. Esto es un prerrequisito demasiado claro como para necesitar cualquier comentario explicativo. La Svetasvatara Upanishada y el Bhagavadgita, han dicho algo muy importante y a punto respecto de escoger un lugar y atmósfera para la meditación. Las cimas de las montañas, las orillas de grandes reservorios de agua y escenarios espaciosos de dulces brisas, todos se consideran conducentes para evocar una disposición de ánimo meditativa en el aspirante. Los lugares de peregrinaje santificados por la presencia de santos y sabios, tanto del pasado como del presente, atmósferas de templos e iglesias antiguos, así como lugares de adoración religiosa, contribuyen a que surjan sentimientos sublimes en el Sadhaka.

Oración y adoración actúan como preliminares apropiados para la concentración de la mente. Tienen varias formas, tales como la Puja en el Hinduismo, la Misa en el Cristianismo, y la Namaz en el Islam. Cada fe religiosa tiene su propia forma de oración y adoración, la cual es la forma externa de un sentimiento interior de dedicación de la persona misma al Ideal Divino. Mientras que la oración es una exposición total, personal y privada de uno mismo al influjo de la Divina Gracia, una entrega secreta del alma a la gloria y grandeza del Todopoderoso, la adoración es un gesto externo de actos y símbolos de esta dedicación interior del ser. Karma o trabajo y deberes santificados, Upasana o adoración sagrada y contemplación, y Jnana o sabiduría de Dios, se consideran etapas del ascenso espiritual a la Suprema Realización.

Debe agregarse aquí una palabra de precaución respecto de la proporción que debe mantenerse en la persecución de los fines de la existencia humana, llamados Purusharthas, que son, Dharma, Artha, Kama y Moksha, y la práctica de los cuatro Yogas, Karma, Bhakti, Yoga y Jnana. Los aspirantes espirituales son propensos a poner excesivo énfasis en Moksha o la Salvación Final, con exclusión y aun detrimento de los otros tres, a saber, Dharma o la regla moral, Artha o el valor económico, y Kama o la satisfacción emocional. Aquí el énfasis excesivo es perjudicial para el crecimiento integral del individuo hacia la perfección. Lo que evoluciona espiritualmente es toda la persona, y no solo una faceta, un aspecto o facultad del individuo. Poner demasiado peso en el aspecto Moksha de la vida espiritual, con frecuencia hace a la persona descuidar los valores del mundo, los cuales con no poca frecuencia toman venganza sobre buscador, cuando detectan la oportunidad en su vida. En tanto se viva en el mundo, debe combinarse en forma óptima un sentido moral en equilibrio, un sentido que se aplique no solo a otros, sino a la propia personalidad; un debido sentido de valores para con las reales necesidades materiales; deben combinarse bien una cuidadosa participación en las alegrías de la vida, y un apropiado y hondo anhelo por la unión con Dios; pero no deben combinarse como en una manufactura, sino como un compuesto homogéneo de una vida bien equilibrada de humanidad divinizada. Similar cuidado debe tomarse en la proporción de la actitud respecto de los cuatro Yogas que representan la disciplina de los aspectos de la naturaleza humana, a saber, el conativo, el emocional, el volitivo y el racional. Un énfasis indebido sobre uno o unos pocos, causará similares reacciones desagradables. Así como el crecimiento de la planta de la vida a través de las Purusharthas debe ser armonioso, de manera igual debe ser equilibrado y proporcionado en el vigoroso árbol de la vida la tendencia a través de los cuatro Yogas, de tal manera que pueda producir el precioso fruto de la visión de Dios y la perfección en el Absoluto.”

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